martes 07.04.2020
OCHOCIENTOS AÑOS CON LOS POBRES

Franciscanos de Santiago, techo y alimento de los que nada tienen

Interior de la iglesia del Convento de San Francisco de Santiago de Compostela
Interior de la iglesia del Convento de San Francisco de Santiago de Compostela

"Que no me empeñe tanto en ser consolado como en consolar; en ser comprendido como en comprender; en ser amado como en amar". En estos tiempos de pánico, confinamiento y coronavirus, recordar esta oración de San Francisco nos acerca a los que no se pueden quedar en sus casas porque no tienen hogar, y también a los ancianos, los más vulnerables de la pandemia y que con las medidas de contención, se han quedado más solos todavía. 

El Papa Francisco se muestra muy preocupado, sobre todo por como puede afectar el coronavirus a los inmigrantes, a los pobres, a los enfermos y ancianos, y ha pedido no olvidarse de ellos y salir en su ayuda. La Iglesia española ha decido no cerrar las puertas de las parroquias y mantiene y refuerza su obra social con la ayuda de voluntarios. Proporcionar un techo es ahora un asunto de vida o muerte. Y acompañar a los ancianos también lo es. Los franciscanos de la provincia de Santiago atienden a estos dos colectivos en sus centros sociales y albergues.

El centro social Albergue Juan XXIII es la joya de la corona del Convento Franciscano de Santiago de Compostela. Los frailes lo abrieron hace cuarenta años, y llevan un largo tiempo intentando ampliar sus escasas 25 plazas (que en los días de frío se convierten en 40) sin conseguirlo. Su deseo choca con la normativa de la Administración. Este albergue no sólo da cobijo, alimento y consuelo a un millar de personas cada año. También ofrece servicios de ropero, banco de alimentos, asistencia social, asesoramiento  legal, formación y orientación laboral. Los hermanos del convento compostelano son apenas una docena pero cuentan con la solidaridad de la ciudad, la colaboración de una legión de voluntarios y, como no, de Cáritas.

Además del albergue, el convento es también un hotel de cuatro estrellas para turistas, un auditorio, una biblioteca con 80.000 volúmenes y un Museo de Tierra Santa único en el mundo. El dinero que entra a través de la hospedería permite su mantenimiento y beneficia a los huéspedes que nada tienen.

Estos franciscanos forman parte del grupo de 85 hermanos que han profesado la Regla de San Francisco de Asís. Viven repartidos en doce comunidades de la Provincia franciscana de Santiago, que en otros tiempos llegó a ocupar la tercera parte de España. Hoy la provincia incluye Galicia, Salamanca, Venezuela, Tierra Santa y su influencia llega a Marruecos.

La orden es muy activa en la acción social. Además de la gestión de los centros sociales, ha lanzado recientemente un proyecto innovador llamado Familia Abierta, reconvirtiendo el convento de San Francisco de Betanzos, vacío tras la marcha de las franciscanas, en unas instalaciones al servicio de las personas mayores. Según explican, no se trata de ningún centro benéfico, sino de un espacio solidario y autogestionado por los propios usuarios. Galicia tiene una de las poblaciones más envejecidas de España, 125.000 mayores viven solos y los franciscanos no los olvidan. 

Se dice que el convento compostelano de San Francisco, un impresionante monumento granítico de 44.000 metros cuadrados, fue fundado por el propio santo de Asís hace ochocientos años durante su peregrinación a Compostela. No existe documentación que corrobore este hecho, pero lo cierto es que el franciscanismo tuvo una importante presencia en Galicia. Prueba de ello es la  profunda huella histórica, patrimonial y espiritual, como, por ejemplo, el monasterio de Herbón, cuna del mundo misionero. Santo Antón de Herbón también es muy popular por ser el punto de llegada a Galicia de los pimientos y las patatas americanas, gracias a la curiosidad de los frailes botánicos del siglo XVII.

En la actualidad, además de los franciscanos de Santiago, en Galicia viven comunidades de otras órdenes franciscanas como las clarisas, los concepcionistas, los capuchinos o los pascualinos.