lunes 01.06.2020
MANIFIESTO DEL PRIMERO DE MAYO

La Iglesia por el Trabajo Decente urge la aprobación de un ingreso mínimo vital

El cocinero Adrián Rojas reparte comida en el comedor social Casa 28 del barrio madrileño de Malasaña, principalmente a personas sin hogar (EFE/ Mariscal)
El cocinero Adrián Rojas reparte comida en el comedor social Casa 28 del barrio madrileño de Malasaña, principalmente a personas sin hogar (EFE/ Mariscal)

La Iglesia por el Trabajo Decente (ITD), una iniciativa de inspiración cristiana impulsada en España por Cáritas, Conferencia Española de Religiosos CONFER, Hermandad Obrera de Acción Católica HOAC, Justicia y Paz, Juventud Estudiante Católica JEC y Juventud Obrera Cristiana JOC, reclama con motivo del 1 de Mayo la aprobación urgente de un ingreso mínimo garantizado, el reconocimiento del derecho a la prestación por desempleo para las personas empleadas de hogar, la regularización extraordinaria e inmediata de los y las trabajadoras “sin papeles” y un pacto de Estado que apueste por la centralidad de la persona y el trabajo decente.

En este Primero de Mayo marcado por la pandemia, el Manifiesto reafirma que el trabajo es para la vida, que debe garantizarse unas condiciones laborales que protejan la integridad física y psíquica de la persona, y que favorezca su protección social, esenciales para una vida digna.

La Iglesia por el Trabajo Decente afirma en el manifiesto que no le cabe duda de que la crisis laboral y económica provocada por la pandemia del COVID-19 hubiera tenido un menor impacto sin la indecente precariedad laboral, y sin que la sanidad y el conjunto de políticas sociales hubieran sido recortadas como consecuencia de la anterior crisis financiera.

El Manifiesto pone el foco en los empleos más precarizados, como son los de personas trabajadoras del hogar y de cuidados, de la agricultura, de establecimientos de alimentación o repartidoras, que hasta el momento han estado invisibilizados y no han tenido un justo reconocimiento laboral y social. Se trata de unos sectores laborales que en este momento de crisis sanitaria, se han «descubierto» como esenciales para la sostenibilidad de la vida, para garantizar el bienestar de todas las personas.

La ITD denuncia que el empleo que en primer lugar se ha destruido es el más débil, el que carece de redes de protección social. Por ello, lanza una llamada para que se articulen e impulsen todas las medidas necesarias evitando que esto vuelva a pasar, y para construir una red de protección social para quienes han perdido empleo, salario y derechos, para que nadie se quede atrás.

El Manifiesto finaliza con una invitación a las comunidades cristianas a unirnos, desde la distancia física obligatoria, desde nuestras casas, en la celebración y la oración, y a participar con creatividad en aquellas acciones que puedan hacer visible la necesidad de un trabajo decente acorde con la dignidad humana.