lunes 01.06.2020
ENTREVISTA CON EL PRESIDENTE DE LARES

Juan Vela: “La pandemia ha causado una crisis humanitaria que daña nuestros valores como sociedad”

Juan Vela: “La pandemia ha causado una crisis humanitaria que daña nuestros valores como sociedad”

La pandemia del COVID-19 ha puesto en tela de juicio el estado de bienestar y ha dañado los valores sobre los que se cimentaba la sociedad. Lo dice la voz amable y autorizada de Juan Vela, vicario general de los Franciscanos de Cruz Blanca y presidente de Lares, la asociación que agrupa 1.050 residencias del Tercer Sector en España. Atiende a nuestra llamada desde la residencia para mayores positivos que la Cruz Blanca montó a contrarreloj en Gea de Albarracín en marzo, en uno de los momentos más crudos de la pandemia. Allí convive y cuida de los mayores junto a un grupo de profesionales voluntarios desde hace semanas. La trayectoria humana y profesional de Juan Vela ha sido reconocida con la Medalla San Jorge a los Valores Humanos del Gobierno de Aragón, el Premio Reina Sofía a la Solidaridad y la Medalla de la Cruz Roja Internacional, pero él no es hombre de medallas. “Nosotros solo somos un instrumento para hacer el Evangelio”, afirma con humildad franciscana este incansable trabajador social y experto en la gestión y dirección de centros de mayores, discapacitados y personas en exclusión social. 

Lares y su asociado Cruz Blanca se han convertido en pioneros abriendo el primer centro de positivos del país en Gea de Albarracín, un ejemplo de buenas prácticas y de gestión de la pandemia.

- Abrimos este centro para personas positivas que no precisan hospitalización, pero sí una serie de cuidados que podemos darles en este centro. Aquí pasan la cuarentena y luego regresan a las residencias, asintomáticos y con PCR negativo. Así se garantiza la protección de los otros residentes y aliviamos a los hospitales y las residencias. El edificio nos fue cedido por las capuchinas y nosotros pusimos nuestro proyecto al servicio del Gobierno de Aragón, que lo aceptó y lo replicó en otros centros. Los sanitarios, enfermeros, auxiliares y limpiadores que trabajan aquí son voluntarios. Este es un ejemplo de solidaridad y compromiso y de cómo se podría haber atajado la pandemia de una manera más coherente, con la prevención de aquellos que están bien, alejando las infecciones de una manera real, no llevándolas a las residencias.

Desde el principio se sabía que este coronavirus se cebaba especialmente con personas con patologías previas y con los mayores y la primera orden fue cerrar las residencias. Las residencias se abandonaron y ahora se las criminaliza.

- Se está construyendo un relato porque se necesita. En nuestra cultura judeocristiana se busca un culpable, y con eso descansamos y nos olvidamos de la víctima y de cómo podemos reparar el daño. La necesidad de ese relato ha hecho que las administraciones hayan intentado desviar el daño a las residencias. Verdaderamente se les ha puesto el cascabel a los que han sido su primer cortafuegos, que son las residencias. Es muy lamentable. Es curioso que hayan construido un relato para justificar sus propias decisiones.

El número de muertos en las residencias supera los 17.000 fallecidos, una cifra dramática.

- La muerte no es el drama, el drama es no haberlos cuidado. Es el fracaso de las actuaciones. Muchos mayores han muerto solos y sin medicación. Desde las residencias hicimos llamadas de auxilio continuas y nadie nos quiso ayudar. El 061 estaba colapsado, las ambulancias no llegaban, no teníamos medicación, y los protocolos cambiaban cada día. Ha sido una locura a la que no podemos dar crédito. La descoordinación ha sido patente. El sistema no dado una ayuda humanitaria básica.

Se intentó confundir a la opinión pública equiparando residencias a hospitales.

- A nadie se le ocurre llevar el peligro a la zona más vulnerable y, sin embargo, nos ordenaron dejar en las residencias a las personas con COVID-19, obligándonos a ser lo que no somos, convirtiendo las residencias en centros sanitarios cuando son centros sociales, hogares. No teníamos EPIs para enfermedades infectocontagiosas porque, como todo el mundo sabe, en las residencias no puede haber personas con estas patologías. Cuando empezó a haber EPIs, las confiscaron para los hospitales, y cuando empezaron las bajas entre el personal de los hospitales, llamaron a nuestros profesionales y nos quedamos solos. Hemos sido los últimos en hacer los test y los PCRs. También hemos tenido que dar servicios funerarios porque las funerarias no entraban en las residencias. Lo hemos hecho porque nos hemos puesto al servicio de la sociedad desde el primer momento. Desde Lares se hizo un llamamiento a los mil centros para que colaborasen en todo lo que pudieran con las administraciones, pero la respuesta de nuestra parte, después de todo lo que nos han obligado a hacer, no puede ser más que un poco crítica.

Teníamos la mejor sistema sanitario del mundo…

- La política sanitaria es un fracaso. La sanidad o cualquier sistema demuestra que funciona en una crisis y, si no funciona, significa que el sistema era la supervivencia del propio sistema. No era un sistema pensado para los ciudadanos sino que se alimentaba a sí mismo en la normalidad y la mediocridad del día a día.  Necesitamos sistemas que garanticen la seguridad de los ciudadanos en los momentos de crisis. Deberían de modificarse la coordinación interministerial y sus órganos y carteras de servicios. Eso cuesta dinero y causa muchas preocupaciones. Es más fácil decir que han fallado las residencias.

Y no solo se han dejado morir a los enfermos en las residencias. También se han muerto mayores porque se han aplicado triajes por edad y se les ha negado la asistencia sanitaria.

- La pandemia ha sido mal definida. Lo que ha provocado es una crisis humanitaria porque ha ido directamente a destruir la forma de vida que teníamos en nuestra sociedad. Ha dañado los valores más intrínsecos de las relaciones humanas y ha hecho que discriminemos por la edad el uso de los recursos, como que se entre o no en la UCI o se usen los respiradores según la edad. Cómo les diremos a nuestros hijos y nietos que se eligió por edad a quien dar un respirador y a quien no. Cómo les diremos que se dejaron fuera de estos recursos a los mayores de setenta años porque se pensó que la edad era causa para no tener derecho a la vida. Esta barbaridad de pensar que la vida de un mayor no vale lo mismo que cualquier otra vida daña el derecho de igualdad. Tenemos que evaluar y valorar lo que ha pasado, y ser conscientes y autocríticos con la situación que estamos viviendo. 

En el plan de desescalada no se contemplan las visitas a las residencias. Más soledad para nuestros mayores…

- Hay que trabajar en medidas que garanticen la prevención de nuestros mayores, sin olvidarnos que necesitan motivos para seguir viviendo, por ejemplo, a través de las relaciones con sus hijos, con sus nietos y entre iguales. Esto debe irse fomentando de manera muy flexible, respetando las normas sanitarias y según la capacidad que tenga cada centro. En esta pandemia, se les ha impedido cualquier tipo de relación. Nosotros somos portadores de la enfermedad y ellos son los receptores. No podemos hacer que las medidas más duras las sufra la población más débil, no sería justo. Se debe humanizar el proceso, que se está alargando mucho en el tiempo y está dejando mucho dolor en el camino. 

- ¿Cree que se necesita una revisión del modelo de residencias, como ahora dice el Gobierno?

- Las residencias necesitan ayudas. Desde Lares, siempre hemos pedido más atención a las residencias y a nuestros mayores. Hay que recordar que en España es el colectivo con menor reconocimiento social. Claro que podría haber otros modelos de residencias, siempre lo hemos dicho, pero habría que preguntarle antes a los mayores qué tipo residencia les gustaría tener. Las residencias debemos ser compatibles con el modelo de vida que quieren vivir nuestros mayores. Todos queremos vivir en lares, en hogares, en espacios donde podamos convivir y compartir, donde poder terminar el proyecto de vida que generamos un día cuando nacimos, no el proyecto de vida que quieran otros. Nadie nos puede decir como tenemos que vivir nuestra última etapa. Debemos generar una sociedad flexible, donde cada uno pueda elegir el modelo de residencia en la que quiere  vivir. Y en Lares trabajamos para hacerlo posible. 

¿La sociedad admira al que cura y se olvida del que cuida?

- Nos cuidan o cuidamos desde que nacemos hasta que morimos. Las personas nos juntamos primitivamente para defendernos y cuidarnos los unos a los otros, los más fuertes a los débiles, y esta función no tiene ningún reconocimiento social ni laboral. La sociedad tiene que centrarse en ese modelo ético del cuidado, esa actividad esencial donde haya compromiso por la persona y compasión por ella, poniéndose al lado de las personas que sufren. Y este pensamiento, que es  sumamente de la Iglesia católica y del humanismo cristiano, es esencial para reconocernos como sociedad. Llegará un momento en que no nos reconozcamos como sigamos así.

Lares agrupa 1.050 residencias y centros asistenciales, sin ánimo de lucro, pertenecientes a fundaciones, asociaciones, ONGs y órdenes religiosas, y ha generado a su alrededor una ola de solidaridad con miles de voluntarios.

- Los voluntarios son artífices de la construcción social y uno de los signos del Tercer Sector. No eliminan puestos de trabajo, como se dice. En el Tercer Sector tienen un espacio específico para colaborar en la mejora de la sociedad. En Lares, 35.000 profesionales y religiosos atienden a nuestros 54.000 residentes con la colaboración de miles de voluntarios, que también participan en las decisiones de la asociación. Solo en Cruz Blanca contamos con 2.000 voluntarios, que han hecho de nuestra labor su proyecto personal. Nos avalan, nos acreditan en la solidaridad, y nos dan trasparencia. El voluntariado es una acción solidaria de grupo, una implicación política, personal y comunitaria que busca un cambio en la sociedad. 

¿Cómo responde Lares a las necesidades de los mayores?

- La filosofía de Lares se sustenta en el humanismo cristiano, y esto genera un modelo de atención donde la persona está en el centro y donde su vida es lo importante. Acompañamos a las personas en su última estación siempre respetando su proyecto de vida. Les preguntamos por su historia, por lo que les gusta y lo que no, y proyectamos en la residencia una continuidad de ella para que cumplan el objetivo por el que han estado viviendo todos estos años. Para esto, procuramos tener un discurso que les recuerde sus aficiones, sus profesiones, todo aquello que les gusta. Y los mantenemos en sus lugares, en su territorio, para que puedan seguir paseando por sus calles y barrios, para que no pierdan el contacto con sus vecinos, con sus amigos, con sus familias, o que los puedan visitar si ellos no pueden salir. Y en esto, el trabajo de los voluntarios es fundamental. Lares está formada por una red capilar de pequeños centros, casi todos localizados en pueblos. Queremos que nuestros mayores sientan que su vida no ha cambiado y que tiene el mismo sabor, aunque vivan en otro hogar.