lunes 20/9/21
El caso Osoro –Belda XIII

El Cardenal Osoro irá a declarar sí o sí

Parece que se escurre como una anguila, se siente protegido, lo que en un país garantista como el nuestro en cualquier otro caso sería un auténtico escándalo, aquí pasa desapercibido. Hasta Mariano Rajoy tuvo que declarar en la causa de la “caja B” del Partido Popular. No es posible que el principal querellado de una causa se “vaya de rositas” sin abrir la boca ni como testigo. Nos referimos a aquel del que se dice en la demanda “D. Carlos Osoro Sierra contaría con la cooperación del Sr. Royo (entre otros)” o que “los Sres. Osoro Sierra y López Royo pusieron en marcha el plan criminal de enajenación de ambos conjuntos patrimoniales dotacionales” o que “La organización criminal liderada por D. Carlos Osoro Sierra, cuyo máximo ejecutivo era D. David López Royo, abordó el patronato de la primera víctima de la trama” o que “Como primer paso para la ejecución del plan criminal, D. Carlos Osoro Sierra, violentando la estructura de la Archidiócesis de Madrid y las normas de Derecho Canónico que regulan su funcionamiento, transformó la hasta entonces Vicaría Episcopal de Fundaciones en una “Delegación” a partir de la creación artificial de esta”, y su Señoría llama a declarar como investigado al supuesto cooperante y el jefe de la supuesta organización criminal como si no existiera.

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¿Entienden los amigos lectores porque le entró pánico escénico al Sr. Cardenal y emprendió una loca carrera hacia ninguna parte, más que a su dimisión, de la mano de un “killer” inquisidor e intermediario?, atreviéndose a decir “no sabía nada” cuando “lo sabía todo”, porque “todo es nada”, miedo a los propios actos, “nada más”. No es un galimatías, es que todo esto que entretiene y desprestigia a todo el mundo es un disparate. Y ya no juzgamos la cobardía moral que supone que el máximo representante de la Iglesia madrileña y de las Fundaciones que preside guarde silencio, cuando debería ponerse a disposición de la justicia y aclarar las absurdas acusaciones contra él y contra su equipo. Decidió escaquearse y dejarlos a los pies de los caballos. Si fuera nuestro amigo le diríamos “no se puede caer tan bajo, amigo.”

El Cardenal tendrá que ir a declarar salvo que antes Su Señoría decida archivar las diligencias de esta absurda querella triplicada, son demasiadas las evidencias de una presunción delictiva irreal  como tantas las disposiciones legales que le obligan a declarar, y que serán subsanadas, en nuestra opinión claro, por otras instancias si hubiese necesidad de ellas, como por ejemplo constituir una vulneración del artículo 24 de la Constitución Española por quiebra del proceso con todos las garantías y tutela judicial efectiva del Sr. Royo y una vulneración del artículo 118 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal y posibles causas de nulidades posteriores en relación con la propia persona del Cardenal Osoro.     

Los jueces, ese es otro cantar

Si con la “Iglesia hemos topado”, verazmente en su cita literaria “hemos dado”, con la judicatura, “pies de plomo”. Todo lo que dicen sus señorías nos parece maravilloso, esperando que lo enmienden otros superiores más maravillosos todavía. Que la jueza del 51 llamase a declarar como testigo al Cardenal no era lo solicitado por la acusación ni por el resto de investigados, escandalizados de que el supuesto “jefe” de la organización criminal tuviera favoritismos, como en las películas de la mafia, pero al menos se vería obligado en calidad de testigo a decir la verdad bajo juramento. Es lo que le pedimos entonces en estas páginas, que si no es un delincuente, como estamos obviamente convencidos, porque no hay delito alguno, que diga la verdad, que eso no hace mal a nadie nunca, y en este caso, menos, pues favorece a su equipo, víctima de tres tipos de individuos según las demandas: desalmados de San Jorge, privilegiados de Fusara y  aprovechados de Molina Padilla.

Pero que cuando faltaban 24 horas para que declarara el supuesto jefe, remitiera todo a otro juzgado, resultó una sorpresa, y que fuera al 28, nos pareció maravilloso. El juez del 28 dictó un nuevo auto de citación de investigados citando a todas las personas que ya había citado el Juzgado de Instrucción nº 51 menos a D. Carlos Osoro, omitiendo cualquier referencia al mismo”;  nos parece, mejor no decimos lo que nos parece, se olvidó del Cardenal hasta como testigo.      

Señoría, estamos en un Estado de Derecho, no es más que un Cardenal, un ciudadano ilustre, que reconoce en la carta a una feligresa que todo lo sabía y que todo era legal “...como punto de partida, tengamos en consideración esta esencial realidad jurídica, pues siendo cierto que la Presidencia del Patronato es ostentada por mi persona por voluntad de los fundadores (cargo que ejerzo representado en el órgano de gobierno por el Delegado Episcopal de Fundaciones, quien emite el voto en mi nombre), no debemos perder de vista que mis facultades en dicho Patronato se limitan, por imperativo de la propia Ley de Fundaciones de la Comunidad de Madrid, normativa jurídica de aplicación, a presidir y moderar sus reuniones. Sentada la anterior premisa y que desde la Fundación se ha procedido legalmente y de forma totalmente correcta...”  

Como recordará si nos lee, Señoría, pues ya publicamos aquí esta carta, “blanco y en botella”

 “...no desearía finalizar estas letras, fraternales y francas, sin convocarles a una reunión con fecha de 23 de abril, a las 11:30 horas. Será en la sede de la fundación, calle Barquillo número 22, segunda planta. Allí les informaremos con detalle. Les atenderán uno de los obispos auxiliares y mi delegado episcopal de fundaciones, acompañados de las personas oportunas con conocimiento del asunto, y así poder abordar con calma todas estas cuestiones y clarificar algunos temas que de la lectura de su carta entiendo que pueda haber desconocimiento o confusión”

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Todavía estaba dispuesto el Cardenal a tratar con caridad cristiana a los desalmados fieles que le acusaron, ¿qué lo trastornó?, ¿fue sólo la llegada de Belda como adlátere a impartir instrucciones?

El paripé de Roma

¿Qué le diría el Cardenal a Su Santidad, iba acompañado de un testigo privilegiado, el obispo Cobo, que conoce bien la realidad de muchas fundaciones en calidad de patrono, tendría la desfachatez de decirle “soy la víctima de una trama de la que soy el cabecilla?” intentó engañar a Su Santidad echándole a otros la “culpa” de unas acciones legales y legítimas? ¿Quién para esta locura? ¿No se da cuenta que si no acude a declarar voluntariamente estará presente en la voz de todos, pues la verdad es imparable?     

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