miércoles 20/1/21

ESTA NOCHE ES NOCHEBUENA

Son muchos los hombres y mujeres de la Iglesia que gozan de nuestra amistad fraternal. De ellos nos acordamos especialmente el día de Nochebuena, para un cristiano, nacimiento del ciclo anual de la Redención. Y aunque sean tantos elegiremos a uno, al salesiano Juan  Linares, y hacemos nuestra y de los lectores de “infovaticanaverum.es” su felicitación navideña. Dice Juan “NAVIDAD. Dios ha venido a estar con nosotros. Podemos experimentar que Dios está aquí  como un niño envuelto en pañales. Quiere estar en nuestro  corazón, en nuestra familia y en nuestra sociedad. Este año las restricciones que nos impone el Coronavirus nos pueden ayudar a despojarnos de tantos vestidos con que disfrazamos la Navidad  y podemos celebrarla al desnudo, acercándonos al Misterio del “Dios-con-nosotros”. Vivamos la Navidad en su infinita riqueza. Muchas Felicidades y un fuerte abrazo”. Eso mismo os deseamos a todos, a cada uno con su nombre, a cada uno con su fe, a cada uno con la pesada losa sus pecados a cuestas esperando el perdón, a todos, los buenos y los menos buenos, los que sirven a la Iglesia de los pobres y los que no dan testimonio de Verdad, a toda la viña del Señor deseamos Feliz NAVIDAD.

 

El paso por el mundo es fugaz, un hombre como Juan Linares tiene en su biografía tanto amor, con una apuesta decidida desde su juventud por la entrega a los demás, a los más vulnerables, que nos conmueve. En sus primeros años salesianos en la República Dominicana creó los “canillitas de don Bosco”, una obra para sacar de las calles, dar cobijo e instrucción, a los niños que cada día salían con sus triciclos, pedaleando, a vender cualquier chuchería que les proporcionara unas monedas para el alimento de sus familias. Ante la miseria decidió hacer el bien, y durante años extendió esta labor por el Caribe, con un gran reconocimiento público. Cuando regresó a España este salmantino, hace muy pocos años, el Gobierno le concedió la Medalla de Oro de la República Dominicana. Hoy dirige la Fundación Juventud y Desarrollo, organización salesiana para intervenir en favor de los jóvenes que lo necesiten en cualquier lugar del mundo. Gracias por tu felicitación, Juan, gracias por tu obra.      

Casi setenta años antes.

Escuchad las palabras del príncipe Eugenio Pacelli, Papa Pío XII, el primero que conocimos en los primeros años de nuestra infancia. Junto a la ventana de nuestra biblioteca, desde donde escribimos, una Bula de Su Santidad, bendice y concede indulgencias a la abuela de mi esposa y sus hijos. Son tiempos muy lejanos. Pero la voz de Pacelli sigue resonando en los textos vaticanos, es la víspera de Navidad de 1941, dice el Papa “en el alba y en la luz brilla como preparación de la fiesta de Navidad, esperada siempre con vivo anhelo de gozo suave y penetrante, mientras todas las frentes se disponen a inclinarse y todas las rodillas a doblarse en adoración ante el inefable misterio de la misericordiosa bondad de Dios, que, en su caridad infinita, quiso dar como don supremo y augusto, a la humanidad, su Hijo unigénito. Nuestro corazón, amados hijos e hijas esparcidos sobre la faz de la tierra, se abre a vosotros y, sin olvidar a la tierra, se eleva y se abisma en el cielo”.

NAVIDAD

Europa se desangra. En septiembre de 1939 las tropas alemanas entran en Polonia, Francia y el Reino Unido declaran la guerra, las demás naciones europeas se suman, unas a las democracias, otras al Eje, 60 millones de vidas no sobrevivirán al conflicto, sigue el Papa “la estrella indicadora de la cuna del Redentor recién nacido desde hace veinte siglos resplandece todavía maravillosa en el cielo de la Cristiandad. Agítense los pueblos, y las naciones conjúrense contra Dios y contra su Mesías (Sal 2, 1-2.); a través de las tempestades del mundo humano, la estrella no conoció, no conoce ni conocerá ocasos; el pasado, el presente y el porvenir son suyos. Ella enseña a no desesperar jamás: resplandece ante los pueblos incluso cuando sobre la tierra, como sobre un océano rugiente por la tempestad, se amontonan negros nubarrones, cargados de ruinas y de calamidades. Su luz es luz de consuelo, de esperanza, de fe inquebrantable, de vida y de seguridad en el triunfo final del Redentor, que desembocará, cual torrente de salvación, en la paz interior y en la gloria para todos aquellos que, elevados al orden sobrenatural de la gracia, habrán recibido el poder de hacerse hijos de Dios, porque de Dios han nacido”. Hermosas palabras de Esperanza. Una pandemia recorre el mundo, guerras regionales asolan el sur de la península arábiga, las tierras sirias y libias arden entre clanes enfrentados, en Centroáfrica reinan las bandas que aterrorizan a la población, millones de refugiados de la guerra y el hambre buscan un lugar donde al menos el riesgo de morir sea menor que el de vivir. De la segunda guerra mundial nació el gran proyecto de paz y prosperidad de la Unión Europea. Hay que mantener la Esperanza.      

BANER NAVIDAD VELA

De esta vamos a salir mejores.

¿Cuántas veces habremos escuchado esa frase desde que el pasado mes de marzo se declaró una pandemia mundial que hizo temblar los cimientos de nuestra sociedad? Instalados en la comodidad de nuestras vidas, nada hacía presagiar que todo iba a cambiar de un día para otro. Pero cambió. Y decidimos que de esta íbamos a salir mejores, tal vez sin haberlo aún conseguido porque los valores en lo que asentábamos nuestra seguridad no eran todo lo sólidos que pensábamos. Antes de llegar a esta situación, por el camino nos habíamos ido apartando sin darnos cuenta de la solidaridad, de la esperanza, del amor al prójimo... Como el avaro míster Scrooge del cuento de Charles Dickens, habíamos pensado que lo superfluo estaba por encima de lo esencial y que lo contingente era superior a lo necesario. Y eso, poco a poco, fue debilitando nuestra capacidad de respuesta ante la crisis, que como todas -no nos engañemos- es también una crisis de valores.

 

No es suficiente

Proclamar que vamos a ser mejores no es suficiente. Es también absolutamente imprescindible recuperar los atributos morales y éticos que nos condujeron a convertirnos en una sociedad responsable, íntegra, compasiva e igualitaria, una comunidad en la que no se permite que nadie quede atrás. Volver a la esencia. Durante más de 20 siglos, la tradición cristiana ha demostrado ser la mejor garantía de progreso y justicia social. El nacimiento de Cristo, la Navidad que ahora celebramos, ejemplifica a la perfección la mejor forma de resolver todas nuestras inquietudes. Una familia sola en un ambiente hostil, sobreponiéndose a la adversidad y la persecución con escasos recursos. El apoyo incondicional de una comunidad formada por gente humilde. Una gran cadena de solidaridad y altruismo asentada en firmes convicciones. Dios hecho carne para salvar al mundo con su ejemplo.

De ahí venimos. Y eso es lo que hoy debemos recordar para recuperar la confianza en nosotros mismos. Asumamos, pues, el papel de los pastores a los que el ángel les dice: "«No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor”. Como ellos descubriremos al fin que, en un mundo donde parece habitar la oscuridad y el dolor, Jesús es la verdad y luz que nos guía. Ese es, al fin, el gran mensaje de optimismo y esperanza que nos transmite la Navidad.

También así lo supo entender aquel Ebenezer Scrooge, un hombre al que las circunstancias habían vuelto “un viejo pecador avariento que extorsionaba, tergiversaba, usurpaba, rebañaba y apresaba”. Tras ser visitado por los espíritus de las navidades pasadas, presentes y futuras, comprendió que tan sólo el regreso a los valores tradicionales le salvarán de una triste y solitaria existencia, hasta hacerle concluir que “haré honor a la Navidad en mi corazón y procuraré mantener su espíritu a lo largo de todo el año. Viviré en el Pasado, el Presente y el Futuro; los espíritus de los tres me darán fuerza interior y no olvidaré sus enseñanzas”.

Esta noche es Nochebuena. Como casi setenta años antes, creemos que de ésta vamos a salir mejores. Pero no es suficiente proclamarlo. Es también absolutamente imprescindible recuperar los atributos morales y éticos que nos condujeron a convertirnos en una sociedad responsable, íntegra, compasiva e igualitaria, una comunidad en la que no se permite que nadie quede atrás. Feliz Navidad.

ESTA NOCHE ES NOCHEBUENA
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