sábado 12/6/21
El caso Osoro – Belda 7

LA GRAN MENTIRA DE LOS DENUNCIANTES III

Para que los lectores dispongan de evidencias: el IV Conde del Val presenta una querella contra el Delegado Episcopal de Fundaciones y dos personas relevantes más y la Sra. Jueza del Juzgado 24 de Madrid le dice claramente:

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Inadmitir la querella. No nos extraña el hartazgo de muchas señorías ante querellas sin fundamento. Como es natural, la jueza razona sobre el fondo y la forma del asunto. Solo con leer sus conclusiones nos podríamos haber ahorrado tantas mentiras escuchadas y reproducidas, solo para hacer el mal, directamente, o para “salvar al soldado Ryan”, al Cardenal que puso en manos del sacerdote Belda su destino. Los planes de éste se resumen en el nombre comercial de la empresa de “intermediación de servicios jurídicos” que adquirió para la ocasión, “Quién como Dios”, menudo atrevimiento, hay que estar muy desinhibido para actuar de esta forma. Suponemos que en la curia madrileña alguno se escandalizará. Pero mientras el capitán liga su futuro a semejante piloto, los marineros guardan la obediencia debida, qué tristeza. Pero veamos qué razones arguye el querellante para meterse en “camisas de once varas”:  Belda 7 imagen 2Belda 7 imagen 3

El conde leyó el periódico y puso una querella, es alucinante, no se molestó  en aportar más prueba que los periódicos que habían sido previamente contaminados por “informaciones” de parte, y aquí no hay “más parte” que la “otra parte”, la que representa los que intentaron volverse atrás de decisiones legítimas – que las Fundaciones civiles resuelvan sus problemas – y legales, que lo hagan conforme a la ley y aprobadas por sus patronatos. Su señoría le da un buen repaso:

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Sí Señoría, no es posible crear un caso sin aportar ni un indicio objetivo. Como ya iremos viendo “el caso Osoro – Belda” es singular porque se crea al revés, al probarse – y estamos dando fe de ello fehacientemente – que la supuesta “trama del Arzobispado de Madrid”, inventada por feligreses irresponsables de lo que hacían y ciudadanos privilegiados, contra decisiones necesarias de las Fundaciones civiles, se transforma en “caso Osoro – Belda” tanto por actuaciones ilegales del sacerdote – actuando sin poder alguno - como por los silencios y omisiones a que el sacerdote conduce al Cardenal. Estamos, lectores, ante un caso absolutamente innecesario, sin delito alguno, consumiendo recursos públicos y privados, y de las propias fundaciones, que no pueden conducir a otro final a que las acusaciones se diluyan ante su inconsistencia y prevalezca la verdad y la justicia porque es lo único que responde a las decisiones tomadas     

Con un contundente argumento Su Señoría desmonta el sinsentido oportunista del conde. Menos mal que es nuevo en la aristocracia, es decir, contamos con títulos nobiliarios de más clase y sensatez que éste.  

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Dice Su Señoría que “la documental aportada no viene sino a corroborar que la venta del inmueble se hizo con el consentimiento del Patronato,” a  medida que conocemos documentos brota impetuosa la evidencia de que el “caso” ha cambiado, de “la trama del Arzobispado” al caso “Osoro – Belda”, los documentos que van viendo la luz nos van dando luz y criterio, nada sucedió realmente como nos quisieron hacer ver. Estamos convencidos de que nuestros lectores, como nosotros, al ver el relato cierto y las pruebas que lo soportan, una vez superada la estupefacción, se alegrarán de que la verdad aflore.  

 

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