jueves 28/10/21
El Arzobispado de Madrid y la verdadera Trama. XII

INTER NOS

Nos gustan sus pastorales, Cardenal, qué lucidez evangélica y qué humildad formal, dialoga usted con los fieles mediante mensajes tan sencillos como profundos. Por eso nos animamos a sumarnos al diálogo desde esta modesta página, que tiene espíritu de concordia y se orienta a la verdad. Y como usted sabe, en palabras de Jesús según nos cuenta Juan, “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”.

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Sabemos que está usted en una tesitura difícil, debe comparecer ante la justicia como testigo, y está obligado, no como príncipe de la Iglesia, sino como “ciudadano Osoro,” a decir la verdad. No es agradable, y menos para un hombre de su dignidad, sentarse frente a su Señoría, por muy amable y laxa que esta pudiera ser, o que desee ayudarle en el trance. Porque frente a la verdad está el perjurio, es su oponente, son palabras mayores. Imagínese usted cómo se sentirán los que ahora son investigados y hace muy poco fueron sus hombres de confianza, hombres de bien al servicio de la Iglesia. Una situación difícil en la que todos pagarán lo impagable, al ser señalados, usted incluido, por posibles delitos que no existen más que en la mente y el deseo de los denunciantes.

Porque el querellado es usted, Cardenal

Cuando conoció la querella, monseñor, y vio que usted era el querellado principal, decidió revertir los pasos dados en las Fundaciones civiles; podía haberlo hecho con naturalidad, decir “no pensaba que esto fuera problemático para algunos”, y “diré diego donde dije digo”, e intentar recomponer la situación, ventas realizadas, ofertas en firme recibidas, y olvidar para siempre los dos magníficos proyectos educativos y sociales para menores y mayores en situación de vulnerabilidad, que se ejecutarían en el barrio de El Cañaveral de Vicálvaro, con el hermoso nombre de CIUDAD DE LA MISERICORDIA. Pero lo hizo señalando “de hecho” a sus colaboradores, y éstos cansados y desilusionados se fueron, presentaron su renuncia, y desde ese momento les fue negada la palabra, no respondiendo a sus comunicaciones, ignorando a sus hombres de confianza. Intentamos decirle lo que aquel magnífico poema de Agustín Millares delata: “Te digo que no vale, esconder la cabeza bajo el ala. Decir: “no lo sabía, estoy al margen, vivo en mi torre solo y no sé nada. Te digo y te repito que no vale.”

Miles de niños y cientos de mayores se han quedado sin la atención que se les podría haber dado o en precario gracias a su vuelta atrás. Con su decisión es usted el que está poniendo en riesgo la existencia de las Fundaciones. Y qué le hizo volver atrás, eminencia? Se lo vamos a recordar. Se resume en tres protestas acompañadas de querellas, bien publicitadas en la prensa y respondidas desde no sabemos dónde filtrando información parcial y sesgada de las mismas. Tenemos el firme convencimiento de quién entregó a los medios, o por orden de quién, esos documentos parciales e incompletos, pero no tenemos pruebas. Pero sí es público y notorio, Cardenal, que se ocultó que era usted el principal querellado por los feligreses de San Jorge. Creemos que el sacerdote murciano experto en la Inquisición está pululando por ahí, hablando con unos y con otros.

Tres casos sin más delito ni privilegios que el de algunos denunciantes

Primero, protestan algunos vecinos que se alojan en condiciones de privilegio en el centro de Madrid en edificios de la Fundación Fusara. Con alquileres en muchos casos ridículos se oponen a una venta legal y legítima que permitirá más y nuevos proyectos educativos, multiplicar por cuatro el alumnado y por tres el empleo, y en una zona de alta necesidad de la comunidad madrileña. Recordar solo que Fusara no es una Fundación de alquileres sociales, sino de atención a niños huérfanos y desfavorecidos. Los alquileres deben ayudar a sufragar la existencia de la Fundación.

Segundo, protesta la familia Molina, patrones y gestores a un tiempo de la Fundación Molina Padilla. Cobrando altas cantidades no cumplían la ley de Fundaciones ni los objetivos sociales en los recursos destinados a becas. Disfrutaban además de pisos de balde o en condiciones inauditas. Incluso hay curas por medio disfrutando canonjías. Aquí ni ha habido ventas ni se las esperaba.

Tercero, protestan feligreses de San Jorge, la capilla de la Residencia de la Fundación Santísima Virgen y San Celedonio. “Nos venden la parroquia.” Los lectores ya saben que la Residencia de Ancianos de quien depende la capilla, tiene Orden de Clausura y Cierre desde 2015, y que los mayores están en una residencia que no reúne las exigencias técnicas y de convivencia actuales. La querella la firman los que llamamos en su día “los abajo firmantes”: el que lidera tiene intereses inmobiliarios, está casado con una “alto cargo” de las finanzas vaticanas que a su vez es, o ha sido muy recientemente, socia de un “fondo buitre” que entre otras lindezas compró al Ayuntamiento de Madrid los edificios de viviendas sociales que ocasionaron un gran escándalo, porque aquí sí había ánimo de lucro con los más débiles. Ya sabrán los lectores que nadie fue ni será condenado por ello. Estos son los que se querellan contra el Cardenal.

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A nadie le gusta recibir querellas.

Lo entendemos, es un trago amargo, sobre todo si, en conciencia, usted sabe que no ha cometido delito alguno y sus colaboradores tampoco. Es muy desagradable, lo entendemos. Pero se ha dejado influir por alguien que le propuso “busquemos un chico expiatorio” y resulta que el chivo fueron sus colaboradores civiles más cercanos, no es justo, monseñor. 

Cuando esté ante la justicia, piense en los “otros”, eminencia, es la “Alteridad,” con la que el de Aquino tuvo a bien definirla, junto a la “Igualdad;” hace suyas Santo Tomás las propuestas del estagirita “La justicia es una virtud completa no en sí, sino por relación a otro”. “Entre todas las virtudes tan sólo la justicia parece ser un bien no personal, ya que interesa a los demás”. Y termina diciendo “la justicia en cuanto tal coincide con la virtud, pero su esencia es distinta: en la medida en que connota una relación a otro es justicia; en la medida en que es una disposición adquirida es absolutamente hablando virtud”. Estos argumentos le llevan a decir al de Aquino, que “Lo propio de la justicia, es ordenar al hombre en las cosas relativas a otro”.

Las cosas no se arreglan, Cardenal, echando leña al fuego, sino apagándolo. A veces vienen mal dadas porque entre los millones de fieles que pastorea hay muchas ovejas y también lobos disfrazados. Y bien sabe que no solo entre los fieles, entre los propios pastores hay muchos en los que no prevalece la fraternidad sino directamente el interés. Lo tiene muy fácil, eminencia, da igual que usted lo supiera todo – que nos consta, y así se probará  – o no, todo se ha hecho conforme a la ley, por quienes tenían facultades para hacerlo, con tasaciones profesionales que cumplen con los criterios técnicos oficiales  y  respondiendo al interés de las Fundaciones y sus objetivos sociales, no al de inquilinos privilegiados, ni de familias aprovechadas, ni de feligreses poderosos y con extraños intereses – o coincidencias.-

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Ungidos y urgidos por la Misericordia

Dice usted en la maravillosa pastoral “Ungidos y Urgidos por la Misericordia”: “la comunicación nos humaniza y nos engrandece. Las distintas formas de comunicación –diálogo, oración, enseñanza, testimonio, proclamación– y los diversos instrumentos que utilizamos –prensa, electrónica, artes visuales, música, voz, gestos de contacto–, son manifestaciones de la naturaleza fundamental de la persona humana. ¡Qué hondura tiene comprobar que la comunicación revela a la persona, crea relaciones auténticas, crea comunidad, nos permite a las personas madurar en conocimientos, sabiduría y amor! Comunicar nos hace humanos. Dar la palabra al ser humano, dejar que pueda comunicarse desde lo que es y desde quién es, es una cuestión fundamental de la concepción antropológica que en estos momentos se cuestiona. En todos los ámbitos en los que se dan grandes retos a los cristianos, es fundamental la tarea de vivir con la fuerza de discípulos de Cristo. En poner las bases del tercer milenio está el que dejemos que el Señor nos devuelva la palabra. Para todos los campos de la vida humana, del matrimonio, de la familia; en el ámbito de las grandes cuestiones del momento como son la paz, la justicia y la conservación de la creación, si no tenemos la palabra que solamente Dios nos puede devolver, se juegan dimensiones constitutivas del ser humano y de su verdad. Por eso, cuando el hombre mudo del Evangelio habló, la gente quedó admirada y decía: “Nunca se ha visto en Israel cosa igual”. Dar la palabra es dar libertad, vida y la capacidad de construir, de unir, de crear puentes, de tirar muros. Dar la palabra es, de alguna manera, ponernos a la altura a la que Dios ha querido que estuviera el hombre, es decir, a su altura. Y es que cuando el Señor creó, lo hizo con una palabra, “hágase”, y se hizo todo lo que existe, también el ser humano. Frente a un Dios que quiere regalar al hombre lo que más le identifica a Él, la palabra, el poder de la comunicación, están otros a los que, al igual que a los fariseos, les parece mal dar la libertad, crear y dar las condiciones necesarias para que el ser humano viva como familia de Dios, en comunión y en comunicación, en libertad, justicia y verdad. Eminencia, tiene la palabra

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