sábado 10/4/21
El Arzobispado de Madrid y la verdadera Trama. X

QUID PRO QUO

“Para dar un destino útil al prójimo y agradable a Dios, autorizo que las referidas instalaciones se construyan a las afueras de la capital y siempre bajo la advocación de Santamarca”. Son las palabras con que la condesa de Santamarca fijó en su testamento la voluntad de su espíritu y su fe.

Colegio Fundacion Santamarca (a school) in Chamartin district in Madrid (Spain). Building from 1927.

La también duquesa de Nájera y titular de otros ducados y marquesados fue una de las figuras relevantes de la España social finisecular, además de su extraordinaria belleza y simpatía prestó con su marido grandes servicios a la Corona durante los reinados de Isabel II y Alfonso XII; libros y periódicos recogen su estancia en San Petersburgo representando junto a su esposo a los Reyes de España durante la coronación del Zar Nicolás II. Murió en 1914, en los albores de la primera Gran Guerra, no conoció la inmensa tragedia que tuvo en Verdún su epopeya – 300.000 muertos y 400.000 heridos en sus trincheras – ni el pronto derrocamiento del Zar en la revolución de los soviets durante los diez días que estremecieron al mundo. Doña Carlota Santamarca y Donato tenía un corazón espléndido. Hija única y esposa sin hijos, quiso que su inmensa fortuna fuera destinada en su totalidad “a constituir una Fundación con la denominación de “Asilo Santamarca”, destinado a la construcción de una iglesia y un asilo que ocupasen la casa palacio de la calle Alcalá para los niños y niñas huérfanos pobres de Madrid”. Por razones de salubridad y las dificultades arquitectónicas que entrañaba reconvertir el edificio del palacio en iglesia y asilo, la alcaldía de Madrid denegó la autorización. Sólo fue permitido para ser ubicado en las afueras de Madrid. Allí, en la iglesia de la calle Marcenado en el barrio de la Prosperidad, del lado de la epístola, en un mausoleo de mármol blanco descansa la condesa.

Esas “instalaciones útiles al prójimo y a Dios” se financian con los rendimientos de los catorce edificios de su propiedad, que en los distritos Centro y Salamanca, legó destinados a tal fin. No destinados al alquiler social sino a financiar esas “instalaciones útiles al prójimo y a Dios”.El asilo entró en funcionamiento el año 1928, dirigido por las hermanas de la Caridad, siendo su finalidad la enseñanza y la educación de los niños y niñas asilados y continúa, casi un siglo después, vigente su actividad como colegio e internado.Para la gestión del asilo se estableció una junta de patronos formada por el obispo de Madrid-Alcalá, con funciones de presidente, el alcalde de la capital, el vicepresidente de la junta de beneficencia, el presidente de la Audiencia, el párroco del Asilo, que el 18 de junio de 1930 aprobaron el Reglamento de la Fundación del Asilo Santamarca y que desde entonces ha regido su destino. Avatares de los cambios históricos hacen que esa emblemática institución sea ahora la Fundación Santamarca, San Ramón y San Antonio, en adelante FUSARA.

Hacer mucho más

A comienzos de la tercera década de este siglo, FUSARA tiene dos colegios en funcionamiento, muy cercanos el uno del otro; cada uno de ellos con una residencia para niñas de familias desfavorecidas. El Colegio San Ramón y San Antonio educa y forma en valores a 830 alumnos y alberga a 70 niñas en su residencia. Por su parte, el colegio Santamarca no está rentabilizando sus instalaciones. Cuenta con más de 900 plazas para alumnos pero sólo están ocupadas algo más de 200, y cada año, desde hace tiempo, se siguen perdiendo alumnos. Uno va bien, el otro mal. La Fundación realiza un estudio donde se pone de manifiesto que la reforma y ampliación del edificio del colegio de San Ramón y San Antonio permitiría unificar la oferta educativa. Así, se trasladarían los alumnos del antiguo Santamarca al renovado, ampliando también la residencia. A su vez, la transformación patrimonial de los 14 edificios, daría paso a un proyecto educativo excepcional. Por la información a la que ha tenido este medio, se trata de un proyecto pionero que responde con creces a los fines de la Fundación FUSARA.

niños colegio

Atendiendo a la realidad social madrileña y tras sucesivas reuniones con los responsables en materia de Educación del Ayuntamiento de Madrid, la Comunidad y la delegación del Gobierno- también patronos de la Fundación,- se iniciaron los estudios y trámites para conseguir una parcela de 40.000 metros cuadrados en el Barrio de El Cañaveral, que va a albergar a 14.000 familias de una economía humilde. A cambio, la Fundación Fusara proporcionaría recursos educativos, sociales y culturales, para garantizar la enseñanza de los futuros niños y jóvenes de esa importante zona de expansión de la capital de España. Asimismo, la fundación se plantea una rotación de los activos inmobiliarios que permita una mayor rentabilidad y con ello garantizar la viabilidad del colegio de San Ramón y san Antonio y de lo que será el nuevo Centro Educativo y Residencia Infantil del Barrio del Cañaveral en el distrito de Vicálvaro. El Director Gerente de la Fundación lo denominó “NUEVO SANTAMARCA”, en concreto en el Patronato del cuatro de febrero de 2019, en el orden del día número 9, el Director General de la Fundación explica el nuevo proyecto socioeducativo. Mediante una acción Quid Pro Quo, una cosa por otra, la voluntad de la condesa de Santamarca de construir “en las afueras de la capital” unas instalaciones cuyo destino fuera ser “útiles al prójimo y agradable a Dios” continuaba vigente y multiplicada.    

Atar los perros con longaniza

Si la señora condesa levantara la cabeza y viera los que quieren vivir de su legado, privilegiados sin escrúpulos a los que el actual colegio de Santamarca nada importa, pensaría en lo triste de la condición humana, incluso en muchos que dicen tener fe. Quieren “atar los perros con longaniza”, vivir en el centro de Madrid pagando cantidades ridículas disfrutando del legado de la condesa – ella es la que puso la longaniza - Cuando la Fundación, una entidad privada social, sin ánimo de lucro, decide la venta de “sus” edificios lo hace manteniendo los derechos de todos sus inquilinos. Simplemente se cambia de propietario. Todos los lectores saben que muchos fondos patrimoniales e inmobiliarios buscan rentabilidades seguras, aunque sean pequeñas, porque no tienen más objetivo que proteger el capital. Mientras la Fundación Fusara tiene la obligación estatutaria de “hacer más”, todo lo que sea posible para atender al mayor número de niños  y de niñas en situación de vulnerabilidad.

La Fundación Fusara a través de su Patronato, tras las tasaciones correspondientes, decidió la transformación patrimonial de sus activos para dotar de más valor a sus acciones. Decisión tomada por unanimidad por todos los miembros del Patronato y con el objetivo de que la Fundación pudiera desarrollar el “NUEVO SANTAMARCA”. Pero hay mucha gente interesada en que la Iglesia le dé misas y no se inmiscuya en lo que es “de ellos”, y como si la Iglesia fuera la propietaria y los inquilinos los beneficiarios – no los niños desfavorecidos atendidos, sus verdaderos propietarios-  decidieron presionar para revertir la transformación de activos realizada. Nada como la prensa y la televisión para dañar imágenes y pisotear prestigios, basta la demagogia de “nos quieren echar” “hay una trama inmobiliaria” “tal persona es el ideólogo”, mentiras que varias veces repetidas hacen temblar la mano del que debe tenerla firme, y nublar la mente del que debería por responsabilidad tenerla despierta. Estamos asistiendo a un episodio infamante - decíamos ayer – cuyo final es la nada, porque todo es legal, legítimo y necesario; lo que se pierde en el camino lo comentaremos mañana. La Iglesia de los desfavorecidos está sufriendo un varapalo por la Iglesia de las alfombras e intrigas. De paso están dañando irreparablemente a personas excelentes y de buena fe que la sirven.

Continuará

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