jueves 6/5/21
EL CASO OSORO – BELDA XI

Al borde del precipicio

A la intervención final del cardenal Osoro en la Conferencia Episcopal ha seguido una conmoción. Es probable que cuando tomó la palabra para hablar, no de los asuntos de la Iglesia, sino de los suyos propios, el arzobispo ya supiera que todos los obispos de España habían recibido un importante documento, la petición de “permiso de querella” a Su Señoría por injurias y calumnias y falsedad documental contra él y su asesor plenipotenciario Belda,- supuesto investigador canónico de una investigación que no existe, pues se trata de Fundaciones civiles; que a su vez ha sido nombrado Secretario – en algunos casos con fundada presunción de ilegalidad - de las Fundaciones que preside el cardenal, y que para más inri ha creado para la ocasión y preside una empresa de intermediación jurídica de nombre comercial, traducido del latín,  “Quién como Dios”, y al parecer con permiso e incardinado por el Arzobispo a la diócesis de Madrid. Eminencia, no lo entiende? está al borde de un precipicio, el del imparable descrédito, tirando por la borda una carrera de servicio a la Iglesia que le condujo al cardenalato, y lo que es peor, quien le empuja no es ninguno de los que usted llevó a la picota permitiendo que se filtraran infundadas denuncias contra los más próximos, los que habían apoyado el profundo cambio que decidió emprender en las Fundaciones que preside.

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El que le ha llevado hasta ahí, el autor del desaguisado, es el sacerdote que le recomendaron para “no ser atacado en la prensa” y tuvo la ocurrencia – por lo que nos cuentan “sotto vocce” – de atacar a sus más leales colaboradores con lemas siempre exitosos en los medios como “trama” o “expolio”, una miseria moral en toda regla por estar fundada la información en la mentira. Trama, que en su intervención en la Asamblea, usted eleva de boquilla a la categoría de “internacional” en vez de ir al juzgado y denunciarla, como sería su obligación. Las huidas hacia delante, monseñor, siempre alcanzan el borde del precipicio.   

Un secretario ejemplar

Una de las víctimas de este consentido desmán liderado por Belda es otro hombre de la Iglesia que llevaba años como Secretario no patrono y “compliance officer” de alguna fundaciones civiles. Es una persona profundamente religiosa y con un gran prestigio jurídico en las áreas del derecho de fundaciones, complaince penal y urbanismo. Manuel Fernández Clemente, cuya integridad profesional y personal está fuera de toda duda; si de alguien podemos decir “por sus obras le conoceréis” es de este hombre enérgico y capaz que se tomó en serio su contrato como responsable de “compliance” de las fundaciones donde ejercía de secretario y asesor. Se lo tomó tan en serio que sus advertencias proliferaron, porque detectó una práctica común en ellas que atentaba contra el derecho que les ampara en la ley: son Fundaciones civiles presididas por el Arzobispo con sus propios fines estatutarios, no Fundaciones presididas por el Arzobispo al servicio de la Iglesia. Pero si su Eminencia fue cambiando patronos laicos por sacerdotes que deben obediencia a su superior, o por hombres vinculados directamente a la Iglesia, comenzaron a servir los intereses de ésta y no los fines fundacionales responsabilidad de los patronatos que constituían. Un dislate, basta que nadie se ocupara del asunto para dar carta de naturaleza a una ilegalidad. Hasta que llegó Fernández Clemente “y mandó parar”, es decir no sólo llamó la atención sobre ello de forma reiterada advirtiendo de no idoneidad, sino de la vulneración directa de la Ley de Fundaciones.

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No será por no saberlo

Así leemos en su “Informe” de 27 de enero del ya lejano 2017 relativo a la Fundación Santísima Virgen y San Celedonio: “El objeto del presente Informe no es otro que poner en conocimiento del nuevo Presidente delegado del Patronato de la Fundación, de forma clara y concisa, la situación de conflicto de intereses heredada que, eventualmente, y a criterio de este Secretario, podría llegar a resultar del todo perjudicial en el futuro para esta entidad, para los miembros de su Patronato, y para su presidente el Arzobispo de Madrid”. En este informe, cuyo documento original publicaremos en su totalidad, leemos también textualmente “Así las cosas, mediante el presente vengo a informarle y a tratar de evidenciar, de lo que parece un prolongado o continuado conflicto de intereses entre los propios de la Fundación y los del Arzobispado de Madrid, en la persona de algunos patronos que ostentan la condición de eclesiásticos”, y como el firmante se trata de un hombre íntegro añade “una situación de conflicto que, por lo demás, humildemente me permito poner de manifiesto, posee un aspecto o dimensión legal y otra dimensión ética o moral, en el sentido que evitar poner el beneficio propio o de un tercero, por delante del interés legítimo de la Fundación, no parece una cuestión solo de legalidad sino también de ética”, el autor se podía haber sumado al “laissez fair” reinante en las Fundaciones civiles, pero este es un hombre “que se viste por los pies”, chapó.  

Añade, “advierto, y subrayo con énfasis, podría llegar a estar incurriéndose, de forma continuada durante años, en un delito de administración desleal, del artículo 252 del Código Penal, y otro de apropiación indebida, del artículo 253 del mismo Código”. Eminencia, usted conocía este Informe, que iremos desmenuzando para que los lectores conozcan la verdadera dimensión de la increíble situación a la que el sacerdote Belda está llevando al cardenal Osoro, pues después de los aconteceres de esta Fundación de la Santísima Virgen y San Celedonio, con Belda de supuesto Secretario, todos los patronos son eclesiásticos, un verdadero desafío a la Ley. Al borde del precipicio, Cardenal, la verdadera y cristiana “humildad de bien” la tiene el extraordinario servidor de la Iglesia y de la Ley, Manuel Fernández Clemente, hoy perseguido por Belda con su consentimiento. Los fiscales tienen materia suficiente, Eminencia, la suerte no la tendrá siempre de cara, el viento ha empezado a cambiar y la verdad a florecer con la primavera.          

 

 

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