miércoles 28/10/20
45 DÍAS DE CONFINAMIENTO VOLUNTARIO

Los héroes de la Fundación Asilo San José

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Varios trabajadores de la Residencia Fernando Arce de Torrelavega, perteneciente a la Fundación Asilo San José-Lares, a su salida del centro donde han permanecido cerca de mes y medio en confinamiento voluntario con la 40 personas discapacitadas a las que atienden con el objetivo de conseguir que ninguno de ellos se contagie de coronavirus (EFE/Pedro Puente Hoyos)

Los 18 trabajadores cántabros que han permanecido mes y medio aislados con 40 personas con discapacidad, en algunos casos severa, no dudaron "ni un instante" en confinarse voluntariamente con ellos, y, aunque reconocen que no ha sido fácil, ahora saben mejor cómo estas personas se sienten.

Esos trabajadores, 15 de ellos mujeres, de la residencia Fernando Arce de Torrelavega (Cantabria) decidieron tras declarase el estado de alarma confinarse con sus residentes para conseguir que ninguno se contagiara con coronavirus.

Ayer, miércoles, ha comenzado el desconfinamiento paulatino de estos trabajadores con la salida de las primeras siete que serán sustituidas por otras voluntarias para encerrarse con los residentes tras superar los oportunos test, relevo que continuará en próximos días hasta renovar toda la plantilla y mantener así la atención.

La residencia, uno de los 1.050 centros asistenciales asociados a Lares, pertenece a la Fundación Asilo San José de Torrelavega, y hasta el inicio de la cuarentena en ella vivían de manera permanente 56 personas con distintos grados de discapacidades psíquicas, físicas e intelectuales, acompañadas en muchos casos de otras patologías asociadas.

Con la declaración del estado de alarma, 17 familias de residentes decidieron trasladarles a sus domicilios, quedando al cuidado de la institución 40 personas con discapacidad, de entre 18 y 70 años, con un sistema de vida y unas necesidades de cuidados muy precisos.

En aras de proteger estas personas, se solicitó voluntarios entre los trabajadores para un confinamiento sin fecha de salida con los acogidos para liberarles de todo contacto con el exterior, aislamiento que comenzó el 1 de abril y que, según contaban hoy las cuidadoras no dudaron "ni un solo instante" en hacerlo.

A este llamamiento respondió un grupo de 18 trabajadores (dos educadoras, 10 cuidadoras, una gobernanta, dos ayudantes de limpieza y tres personas de mantenimiento), que se han entregado con generosidad al cuidado de los residentes, hasta el punto de que la dirección ha tenido que forzar la salida de siete de ellos, a pesar de que pedían seguir cuidando de estos residentes hasta el final.

La institución ha reconocido este miércoles el valor personal y humano de estas trabajadoras con la presencia de directivos de la Fundación y del centro, así como algunas decenas de personas que les han arropado con un aplauso, tanto a los que salían como a quienes les sustituyen para otra cuarentena.

Elisa, auxiliar de enfermería, resumía a la salida que durante este largo confinamiento los cuidadores han continuado trabajando con los residentes para lograr que, pese a la delicada situación, no sufriesen retrocesos, trabajando "con los miedos pertinentes" pero "haciendo que estuvieran los más alegres y ocupados posible".

Natalia, cuidadora, explica que tomar la decisión de encerrarse con las personas discapacitadas "no fue para nada difícil" y "en ningún momento" dudaron aislarse, al considerar que estaban haciendo lo mejor "por los chicos, por sus familias y por nosotras", ya que así evitaban posibles contagios.

Reconoce que "ha habido momentos duros durante el encierro porque la convivencia es difícil", aunque se ha logrado crear "una pequeña familia" con los residentes -a los que llama 'nuestros chicos'-, "que han sido unos campeones en todo momento", a pesar de que muchos de ellos no eran conscientes de la situación.

Esta cuidadora es firme al asegurar que, a nivel personal, esta experiencia servirá al grupo para "tener mucha más empatía" con las personas a las que atienden, porque se han logrado "poner en el lugar del discapacitado" y ahora comprenden mejor sus necesidades o sus limitaciones.

Por ello, destaca que, además de los cuidados básicos, durante este tiempo se ha seguido participando con los residentes en talleres y actividades físicas, aprovechando que el edificio cuenta con 1.000 metros cuadrados de superficie exterior, lo que ha contribuido a que el encierro no les afecte de forma tan negativa.

La Residencia de Atención Básica Fernando Arce 2, que abrió sus puertas en 2016, es un complejo con 90 apartamentos tutelados, un centro de día y talleres ocupacionales para personas con distintos grados de discapacidad, que ocupa unos 6.000 metros cuadrados.