jueves 04.06.2020
HACER LOS DEBERES

La Iglesia, en la encrucijada

Conservar y poner en valor el patrimonio, defender y renovar la labor social, y la seguridad jurídica y legal son las tareas primordiales y urgentes de la Iglesia 

La Iglesia, en la encrucijada

Son muchas las amenazas y pocas las respuestas. Cuatro pilares asientan la función de la Iglesia en España: culto y pastoral; vida religiosa; enseñanza; atención social. Muchas son sus fortalezas y muchas también las amenazas, que no afectan en apariencia al ámbito del ejercicio y práctica de la religión católica,- es hegemónica entre los ciudadanos a gran distancia de las religiones hermanas, las cristiano evangélicas, u otros cultos, judío e islámico – sino a cuestiones propias de su condición de institución bimilenaria y espiritual, con gran impacto en la vida pública y la sociedad. 

No hay institución tan enraizada en España. En el más pequeño de sus rincones podrá no haber una escuela o centro médico, pero habrá una capilla o una iglesia o un santuario, porque siempre hubo fieles que atender, sacerdotes que oficiaran el culto o les dieran socorro, o monjas y frailes que se recluyeran en comunidad, en un cenobio o en un convento a orar y a trabajar. La historia de España y la de la Iglesia Española circulan paralelas en el tiempo, y aún en las épocas de gran desavenencia entre el poder político y el eclesiástico- desamortización, leyes discriminatorias, expulsión de órdenes religiosas - la relación entre el pueblo y los servidores de la Iglesia fue siempre robusta y estrecha, como corresponde a un país en su mayoría católico.

Dejemos a un lado el ejercicio de la caridad, segunda causa, tras la fe, de la fortaleza del catolicismo en España. Y fijémonos en que población y vida religiosa siguen caminos, salvo excepciones, inversos: hay un déficit muy estimable de personas dedicadas al sacerdocio y a la vida contemplativa en relación al incremento de la población española. Consagrados y regulares no son suficientes para atender las necesidades de la Iglesia, el mantenimiento del culto, la apertura de los templos, el cuidado y las tareas de monasterios, conventos y otros lugares de culto. 

La sociedad española ha sido muy consciente de la labor pastoral, educativa y caritativa de la Iglesia, y muy generosa en recompensarla con legados patrimoniales urbanos y rurales, para que pudiera continuar e incrementar su labor. Esa interacción Sociedad – Iglesia ha sido muy valiosa para suplir los servicios públicos no acometidos por el Estado con una actividad subsidiaria inmensa, en la atención a desfavorecidos y enfermos, principalmente; ahí está Cáritas como resumen de esa maravillosa labor. Pero el “Estado de Bienestar” y el envejecimiento de la población modificó los paradigmas de actuación, los hospitales de beneficencia se integraron en el Sistema Nacional de Salud, pero la labor asistencial sanitaria se incrementó con los ancianos y dependientes, más de mil centros avalan esta dedicación, entre hospitales, ambulatorios, dispensarios, casas para ancianos, enfermos crónicos y personas con discapacidad, regidos y financiados por el buen hacer de organizaciones y personas, pero faltos, en muchos casos, de seguridad jurídica y protección legal, deficitarios en  financiación regular, escasos de trabajadores y voluntarios: la reciente pandemia ha puesto en evidencia sus enormes debilidades frente a su mayor y maravillosa fortaleza: atienden a los que nadie quiere atender.

Esta gran conmoción actual y los cambios políticos se superan sabiendo dónde se está y hacia donde se va, no sólo en lo espiritual, donde la Iglesia permanece pétrea e incólume a los tiempos pues su edificio está sustentado en la Fe y la Palabra ; también en lo temporal: la Iglesia debe gestionar su patrimonio al servicio de sus fines pastorales y sociales, y ponerlo en valor para, con sus rendimientos, responder a su voluntad de hacer el bien ; adecuar sus organizaciones a los requerimientos de la época, en gestión, responsabilidad, calidad, eficiencia y certificación; dotarse de los mismos instrumentos legales que cualquier otra organización, ante el marasmo de legislaciones, normativas y responsabilidades de la sociedad actual; suplirá con ello la falta de los efectivos que antes daban vida a todos los lugares de España, y que ahora, con muchos bienes abandonados a su suerte o en riesgo  de abandono, corren el peligro de su pérdida y un destino incierto ajeno a la voluntad espiritual de quien los puso a su servicio.

Hacer los deberes temporales que le corresponden en esta encrucijada. Esto es lo que esperamos de la Iglesia por el bien común.