lunes. 28.11.2022
LOS FIELES DAN UN PASO AL FRENTE

Manifiesto contra "la Iglesia involucionista" del obispo Munilla

munilla2
El obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla (EFE)

Trescientos laicos agentes de pastoral de Guipúzkoa firmaron un manifiesto en el que expresan su malestar y preocupación por los diez años de obispado de José Ignacio Munilla en el diócesis de San Sebastián, y en el que ponen en duda su capacidad "para ofrecer respuestas sensatas y evangélicas a los desafíos de nuestro tiempo". En el manifiesto El 14 de diciembre, a Arantzazu, los 303 firmantes se preguntan como  "cómo puede ser que quien destaca por un moralismo rígido y no por la compasión y humanidad evangélica dirija una comunidad cristiana".

El título del manifiesto hace referencia a la Eucaristía que se va a celebrar el 14 de diciembre, a las once de la mañana, en el santuario franciscano, "ante la situación de la Diocésis", en la que el obispo Munilla ha desmontado, aseguran, "lo construido durante cuatro décadas". Los firmantes reivindican aquí la validez de la hoja de ruta Conciliar 'Una Iglesia al servicio del Evangelio', firmada hace dos décadas por el entonces obispo de San Sebastián José María Setién.

El manifiesto considera "intolerable" que, "ante los sucesos políticos y de derechos humanos que nos afectan directamente como cristianos y ciudadanos, como comunidad y pueblo, la voz de este obispo parece estar en off", y muestran su rechazo a un "obispo que está en las antípodas del espíritu de Jesús e impone una Iglesia involucionista donde, en vez de una actitud de servicio, prima el abuso de poder episcopal; en vez de gestos y acciones de una Iglesia para los pobres, la clave es el negocio y el “rentar”; en lugar de respetar la verdad, abundan la manipulación y la mentira".

Además, los firmantes acusan al obispo de San Sebastián de "dar la espalda a la comunidad cristiana de Gipuzkoa", con un modelo de Iglesia que "lleva el clericalismo en su ADN, con unos sacerdotes dueños de las parroquias, un obispo señor de la Diócesis, y un laicado subordinado al clero, como si fuéramos menores de edad".

Reproducimos a continuación el texto íntegro del manifiesto.

Manifiesto 'El 14 de diciembre, a Arantzazu'

Nos llega estos días por las redes sociales y de boca en boca una invitación del grupo Gipuzkoako Kristauak a una Eucaristía en Arantzazu ante la situación de la Diócesis. Quienes firmamos este escrito, laicas y laicos agentes de pastoral en parroquias de Gipuzkoa y comprometidos en actividades de nuestro pueblo, decimos que sí.

Hace diez años que una estrategia ajena a esta Iglesia, dirigida por el obispo Munilla y actores externos, trata de cerrar la vía del Concilio en esta Diócesis desmontando lo construido durante cuatro décadas y dando la espalda a la comunidad cristiana de Gipuzkoa. Los últimos episodios los hemos sufrido en Donostia, en las parroquias de la Sagrada Familia y del Espíritu Santo, con la exclusión de responsables de pastoral y sacerdotes, despreciando la labor y trayectoria eclesial de décadas. Sabemos el modelo de Iglesia en que se mueven y promueven este obispo y su equipo: la que lleva el clericalismo en su ADN, con unos sacerdotes dueños de las parroquias, un obispo señor de la diócesis y un laicado subordinado al clero, como si fuéramos menores de edad. No, la Iglesia no es una comunidad de dominadores y dominados, sino Pueblo de Dios. Quienes, como testigos del Evangelio y seguidores de Jesucristo, estamos llamados a ser creyentes adultos y hombres y mujeres libres, respondemos con un no rotundo al clericalismo y la imposición de este obispo y los suyos.

Queremos que nuestra historia sea respetada, con la hoja de ruta Conciliar “Una Iglesia al servicio del Evangelio”, suscrita por el obispo Setien hace 20 años tras una amplia participación en toda la Diócesis. En dicho documento leemos que “Nuestra Iglesia quiere desarrollar más la participación y responsabilidad de laicos y laicas en tareas de coordinación y dirección, superando desconfianzas o inhibiciones que no hacen sino debilitar nuestra fuerza evangelizadora” y “Queremos que en nuestra Iglesia diocesana se reconozca, valore y acepte a la mujer sin discriminación alguna”. Cuando el obispo Uriarte llegó a nuestra Diócesis se realizó una encuesta entre el laicado comprometido en las parroquias de Gipuzkoa para conocer su situación y escuchar sus propuestas, a la que respondieron 8.000 agentes de pastoral; posteriormente se comenzaron a erigir las Unidades Pastorales, con el nombramiento de 200 laicas y laicos… Esta es la Iglesia que queremos y fomentamos para vivir y proponer el Evangelio en nuestro pueblo, la Iglesia que ahora vemos ratificada por el propio papa Francisco, y la Iglesia a la que combate el obispo junto a sus colaboradores, a todas luces por intereses y decisiones que nada tienen que ver con el servicio evangélico ni con la trayectoria de esta Diócesis. Las vivencias del Evangelio pueden conjugarse en plural pero no todo vale. Nos es intolerable un obispo que está en las antípodas del espíritu de Jesús e impone una Iglesia involucionista donde, en vez de una actitud de servicio, prima el abuso de poder episcopal; en vez de gestos y acciones de una Iglesia para los pobres, la clave es el negocio y el “rentar”; en lugar de respetar la verdad, abundan la manipulación y la mentira; se promueve una Iglesia deslocalizada, no una Iglesia arraigada en su pueblo.

Estamos acostumbrados a participar en lo público. El voto es un derecho que hemos interiorizado y conforma nuestra identidad corresponsable; el trabajo en común y decidir en equipo son un ejercicio frecuente como parte de la sociedad, que llevamos a cabo dialogando y, aunque cueste, también cediendo. Así, la idea de Iglesia de este obispo choca frontalmente con la cultura participativa y democrática, y ello nos hace dudar de su capacidad para ofrecer respuestas sensatas y evangélicas a los desafíos de nuestro tiempo. Cómo puede ser que quien destaca por un moralismo rígido y no por la compasión y humanidad evangélica dirija una comunidad cristiana. Difícilmente podrá, además, nadie reconocer el espíritu de Jesús de Nazaret en una Iglesia cuyo obispo está preocupado por el dinero hasta el punto de convertir el Obispado en hotel, sin escuchar la llamada de un millar de laicos y sacerdotes de Gipuzkoa.

En relación a la democracia, cuando lo que sucede en la política y de los derechos humanos nos está afectando directamente como cristianos y ciudadanos, como comunidad y pueblo, la voz de este obispo parece estar en off. Se diría que también la migración está fuera de la agenda episcopal, mientras en las fronteras de Europa y América, así como en el paso de Irun, se criminaliza la ayuda a quienes emigran y piden refugio y se prohíbe rescatar personas en el mar. A punto de finalizar el artículo nos llega la última hora del Aita Mari desde el Mediterráneo: han rescatado a 78 personas a la deriva que huían del infierno de Libia, en su búsqueda de náufragos haciendo frente a la negativa del Gobierno español; no han olvidado las palabras de ánimo del papa Francisco, “seguid trabajando”, ni la solidaridad de parroquias de Gipuzkoa… Y, en contraste, un obispo que no alza la voz. Vemos mayor sintonía hacia la Buena Noticia de Jesús en comunidades cristianas humildes y vivas de la Diócesis así como en instituciones y organismos sociales. Es triste y grave, un escándalo, pero así lo creemos y lo decimos. Este obispo no ha asumido la identidad evangélica desarrollada en décadas ni la iglesia que hemos ido conformando. Al contrario, se ha dedicado a derribar lo construido por miles de cristianos guipuzcoanos, obsesionado por someter a la Diócesis de San Sebastián a un estilo eclesial contrario al espíritu del Concilio. Así, resulta que el propio obispo es causa de división y de sufrimiento en la Iglesia de Gipuzkoa.

Pero no nos rendimos. Es Adviento, un tiempo en que esperamos el Nacimiento de Jesús. Dios no nos abandona y, en medio del sufrimiento, desde la fe en Evangelio, nace la esperanza. Queremos, pues, reunirnos y orar para alentar esta esperanza nuestra renovando la Última Cena de Jesús y preparándonos para acoger su venida. Para ello acudimos a Arantzazu el 14 de diciembre, a una Eucaristía que convocan para las 11:00h en el santuario franciscano. Una cita abierta a los cristianos, cristianas y a tantas mujeres y hombres que aprecian esta Iglesia y deseen solidarizarse. Nos motiva la llamada, y nos anima. Necesitamos encontrarnos para fortalecer nuestra fe y recuperar la unión, para orar por nuestra querida Diócesis, tan herida y rota. Nos vemos en Arantzazu. Goazen!