jueves 04.06.2020
PANDEMIA Y LIBERTAD DE CULTO

El exceso de celo no descalifica el inmenso esfuerzo de las fuerzas de seguridad del Estado, pero el respeto a la Iglesia es inexcusable

El exceso de celo no descalifica el inmenso esfuerzo de las fuerzas de seguridad del Estado, pero el respeto a la Iglesia es inexcusable

Los oficios religiosos están permitidos en el estado de alarma, siempre y cuando se respeten las medidas de seguridad dictadas por el Ministerio de Sanidad. El artículo 11 del Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, por el que se declara el estado de alarma, establece que "la asistencia a los lugares de culto y a las ceremonias civiles y religiosas, incluidas las fúnebres, se condicionan a la adopción de medidas organizativas consistentes en evitar aglomeraciones de personas, en función de las dimensiones y características de los lugares, de tal manera que se garantice a los asistentes la posibilidad de respetar la distancia entre ellos de, al menos, un metro". La inmensa mayoría de los cultos se han oficiado sin fieles en estas semanas de confinamiento, (la Conferencia Episcopal así lo recomendó dada la confusión de las normas establecidas en el Real Decreto, ya que se permitían los oficios religiosos pero no salir del domicilio para asistir a misa) y en las escasas misas que han contado con la presencia de creyentes se ha respetado a rajatabla el artículo 11 del Real Decreto. Sin embargo, parece que algunos agentes de las fuerzas de seguridad del Estado no han garantizado el derecho que otorga dicho artículo. Se han interrumpido oficios en algunas parroquias, se han desalojado iglesias en las que no había ni media docena de personas y se han interpuesto multas por "no respetar" el confinamiento. 

Entre estos casos, está, por ejemplo, el ocurrido en la Catedral de Valladolid el domingo 22 de marzo, en donde intervinieron varias patrullas de policía, dispersando a los fieles que se hallaban fuera, instándolos a que regresaran a sus domicilios. El Domingo de Ramos, la Policía Local interrumpió una misa que se oficiaba en una azotea en la calle Pagés del Corro (Sevilla), pese que eran únicamente ocho asistentes y que todos ellos eran miembros de la Congregación de la Misión que viven en la casa y se hallaban en su propia azotea.

Uno de los sucesos que causó más indignación y una protesta de la misma Iglesia fue el ocurrido el 10 de abril, cuando la Policía Nacional entró en la Catedral de Granada y desalojó a una veintena de personas que participaban en los oficios del Viernes Santo cumpliendo con las normas de seguridad. La catedral tiene una capacidad de 900 personas. Incomprensible. El portavoz de la Conferencia Episcopal, monseñor Luis Argüello, dijo al respecto que "la actuación policial, legítima en la calle, desde mi punto de vista, ha sido desmedida en los templos, sobre todo cuando se ha interrumpido una celebración ya comenzada, pues no ha tenido en cuenta el articulo 11 del Decreto que estableció 'estado de alarma', no de excepción". 

Y hoy se ha sabido que en la parroquia de San Jenaro de Madrid, un sacerdote fue multado por dar una misa en la puerta del templo el Domingo de Resurrección. En un vídeo se puede ver como dos agentes de la Policía Municipal interrumpen el oficio y le dicen al sacerdote que se encuentra fuera de la parroquia, a lo que este responde "esto no es vía pública, es la parroquia". El sacerdote, que apeló al artículo 11 del Real Decreto y explicó que allí no había más de tres personas asistiendo al culto, tuvo que identificarse y finalmente fue multado, pese a las peticiones de los vecinos, que mostraban su indignación por la actuación policial. 

Los miembros y fuerzas de seguridad del Estado están realizando una inmensa labor de apoyo a la sociedad en este momento tan dramático para el país. Por fortuna, este tipo de actuaciones contra la libertad de culto han sido escasas. Esperemos que no se repitan.