lunes 01.06.2020
EL DRAMA DE LAS MONJAS AUTÓNOMAS

La pandemia arruina las pequeñas economías de los conventos de clausura

Un operario trabaja en labores de desinfección junto a la escultura de Santa Teresa de Jesús, en Ávila, durante el confinamiento debido al estado de alarma decretado por el gobierno para frenar la pandemia del COVID 19 (EFE/ Raúl Sanchidrián)
Un operario trabaja en labores de desinfección junto a la escultura de Santa Teresa de Jesús, en Ávila, durante el confinamiento debido al estado de alarma decretado por el gobierno para frenar la pandemia del COVID 19 (EFE/ Raúl Sanchidrián)

En los conventos de clausura no se vive ajeno al estado de alarma. El impacto económico del coronavirus en diversos sectores del tejido productivo también afecta a muchos conventos de clausura del país que basan su sustento, muchos de ellos, en la venta de los dulces artesanos. Sus ingresos han disminuido de forma preocupante.

El portavoz de la Conferencia Episcopal, monseñor Luis Arguello, mostraba ayer su inquietud por la situación de las religiosas de clausura y contemplativas, sobre todo de los conventos con monjas jóvenes que “tienen que cotizar cada mes por el régimen de autónomos”. Argüello comentó, en rueda de prensa, que la Conferencia se ha puesto en contacto con la Secretaría de Estado de la Seguridad Social para que tenga en cuenta a las religiosas contemplativas en el régimen especial de autónomos y también han tenido conversaciones con entidades bancarias para conseguir moratorias en la devolución de los préstamos que tenían concedidos estos monasterios.

En el mes que llevamos de confinamiento, la prensa local se ha hecho eco de las dificultades de las religiosas de clausura, como es el caso de las dominicas del convento del Sancti Spíritus de Toro, muy preocupadas por la caída en picado de las ventas de sus dulces artesanos, tanto en venta directa como en internet, donde los pedidos son mínimos y no alcanzan para cubrir los costes de producción

El Sancti Spíritus también ha dejado de percibir ingresos por la venta de entradas a los turistas interesados en recorrer algunas de las estancias históricas del monasterio o en admirar los bienes que forman parte de la colección de su Museo de Arte Sacro. Pinturas, esculturas, reliquias o el ajuar funerario de Teresa Gil, fundadora del convento toresano en 1316, son algunas de las piezas de este museo muy visitado por los turistas. Del mismo modo, la hospedería del monasterio carece de actividad por el confinamiento.

A pesar de que los ingresos destinados al sustento y al mantenimiento del convento han caído en picado, la comunidad religiosa tiene que seguir haciendo frente al pago de impuestos relacionados con sus actividades económicas tales como el IVA o el IRPF. Por este motivo, las hermanas tratarán de recabar ayudas para paliar las pérdidas, aunque por el momento y a la espera de que sean aprobadas nuevas medidas, tan solo pueden acogerse al aplazamiento de pagos.

Las religiosas viven desde su clausura las excepcionales circunstancias provocadas por la crisis, aunque reciben la ayuda de los voluntarios de la agrupación de Protección Civil que las visita regularmente para conocer sus necesidades en cuanto al suministro de medicamentos o de alimentos básicos.

Otro convento que vive una situación similar es el de las Comendadoras de Santiago, en Toledo. Hoy mismo, el párroco de San Justo y presidente de la hermandad de las Angustias, Javier Salazar, hacía un llamamiento para ayudar economómicamente a las comendadoras toledanas. Son más de una veintena de monjas, solo tres de ellas mayores, que cobran pensión, pero el resto son jóvenes y tienen que pagar su cuota de autónomos, «como cualquier otra persona», comenta el padre. Lo tienen que hacer sin ingresos, toda vez que la guardería que atienden está cerrada y tampoco venden dulces, otra de sus fuentes de supervivencia económica.
«Como el resto de las familias, lo están pasando mal, porque no dejan de ser una familia», enfatiza Salazar, quien explica que Cáritas y el Banco de Alimentos están llevando comida y artículos de primera necesidad a las monjas, por lo que la comunidad de la iglesia de San Justo está haciendo sus aportaciones particulares para pagar las cuotas de la Seguridad Social de las hermanas.
Salazar contactó con los fieles de la parroquia recordándoles que están involucrados desde hace meses en el proyecto ‘Con un solo corazón’, promovido por la Archidiócesis de Toledo. «Adquirimos el compromiso de velar por ellas , principalmente con nuestras oraciones, pero ahora estamos viviendo un momento complicado, también para ellas. Ahora es el momento de hacer algo más», apunta. «La comida la tienen cubierta gracias a Cáritas y al Banco de Alimentos, pero han de seguir pagando sus gastos. El último pago de la Seguridad Social lo han podido cubrir gracias a unos ahorros que tenían, pero a partir de mayo la situación se les complica mucho», añade.