sábado 26/9/20
EL TERCER SECTOR EXIGE RECONOCIMIENTO Y APOYO

LARES da un paso al frente

LARES da un paso al frente

Propio de un comportamiento valiente. Así podemos calificar que el presidente de LARES, José Ignacio Vela,  haya enviado cartas y documentos a las autoridades europeas y españolas desde el estallido de la crisis del COVID -19. La vida de muchos de nuestros mayores se ha quedado en el camino sin que nadie hubiera previsto no ya la pandemia, sino la indefensión en la que el Tercer Sector y los centros de LARES se encontraban, por más que todos conocen la extraordinaria labor de esta organización social, nacida por y para atender a los más vulnerables en la última etapa de su vida. Cartas con las que la presidenta de la Comisión Europea, el presidente del Gobierno de España, las cuatro Vicepresidencias y el Defensor del Pueblo habrán tenido la oportunidad de conocer y valorar el esfuerzo titánico de más de 35.000 personas para cuidar a más  de 55.000 ciudadanos dependientes y en riesgo de exclusión en los 1.050 centros y residencias que gestionan, unhistórico compromiso de las congregaciones religiosas y la voluntad solidaria de fundaciones y ONG`s. Pero llegó el contagio y la muerte y se dictaron normas como si fuéramos servicios públicos o privados, es decir, ejercidos desde una economía pública o privada y no desde la economía social. Y un vez más el Tercer Sector se sintió abandonado.

Ahora que la pandemia remite, al menos en su primera fase, no es cuestión de destacar todo lo que se ha hecho mal. Las víctimas, por centenares de miles, son en su mayoría ciudadanos de países desarrollados, con sanidad, ciencia e investigación y organizaciones sociales punteras. Y la enfermedad ha atacado por igual a los mayores de cualquier condición. Nos ha faltado como país, previsión y prevención, y las entidades y ciudadanos más desprotegidos han resultado los que ya lo eran, los que viven de los recursos de la voluntad y la generosidad de las personas que organizan y cuidan, y las asociaciones y centros que a duras penas consiguen completar un presupuesto anual que permita una vida digna para mayores y dependientes.

Puede existir, en un gobierno desbordado, la tentación intervencionista. Pero sería tan peligroso como abandonar el sector a su suerte. Una labor encomiable, de siglos, toma ahora el nombre de Tercer Sector, pero es lo que han hecho siempre la Iglesia y otras organizaciones sociales, estar donde nadie quiere o no puede estar. Desde el reconocimiento hay que ayudar al sector a superar la calamidad vivida, y dotarlo de medios y  respaldo legal para que su labor continúe: siempre hay resquicios donde llega solamente la fe, la caridad, la voluntad, la generosidad, la entrega a los demás como prójimos, parte de una misma sociedad y un mismo anhelo: querer para los demás lo mismo que queremos para nosotros. El paso al frente dado por LARES es encomiable y valiente. Pero no es suficiente. El Tercer Sector tiene que dar una batalla institucional, jurídica, legal, social y de comunicación, para salir fortalecido de esta terrible situación en que ha vivido y vive momentos desesperados. Pero LARES ha empezado a hacer lo que tenía que hacer, lo que se hace cuando la conciencia y el bien común predominan en las personas y las organizaciones.