sábado 10/4/21
Año Jubilar

Filipinas celebra una fe que llegó hace medio siglo y sigue viva

fieles Filipinas

Transmitir la fe a los demás, evangelizar es el principal objetivo de las actividades del Año Jubilar que conmemora la llegada de la fe hace 500 años a Filipinas. El tema de las celebraciones jubilares del país asiático es “Gifted to give”, que recuerda la frase evangélica «Gratis lo recibieron, denlo gratis». 
Testigos dichosos de una fe que llegó hace 500 años y sigue viva. Así es como se definen los católicos de Filipinas que, tras nueve años de preparación, se disponen a vivir este año su Jubileo de conmemoración, porque fue en 1521 cuando Raja Humabon, Hara Humumay y 800 filipinos fueron bautizados en la isla de Cebú, marcando el inicio de una larga historia de evangelización.
Desde entonces los desafíos han cambiado, pero la Palabra de Dios permanece inalterada e iluminadora y debemos permanecer fieles a ella. Así lo apunta el presidente de la Conferencia Episcopal de Filipinas y del Ordinario Militar, Mons. Óscar Jaime Lianeta Florencio, señalando a su vez como el énfasis en los desafíos actuales y en las certezas de la fe en un país donde los motores de la evangelización son sobre todo los jóvenes. Mons. Lianeta Florencio habla en esta entrevista del compromiso «de ser testigos hoy» y del «rostro joven» del cristianismo en el país, formado por jóvenes laicos y jóvenes misioneros, verdaderos «motores de la fe en Filipinas». Además,recuerda  el mensaje que el papa Francisco dejó a la Conferencia Episcopal del país este año, recomendando a los prelados que sigan dando un testimonio concreto de «caridad evangélica» para que la Iglesia católica filipina sea reconocida como «una casa de puertas abiertas, que ofrece esperanza y fuerza», monseñor Florencio cuenta cómo recibió estas palabras.
En la práctica diaria, dice, la caridad evangélica es para nosotros «el servicio a los pobres» en el centro, no sólo de las palabras sino de las acciones. Salir al encuentro de los que viven la penuria de la desocupación y no pueden dar de comer a sus familias ni acceder a los servicios: un año después del estallido de la pandemia que ha agravado estos problemas, nuestra realidad de caridad evangélica -concluye monseñor Florencio- son precisamente todos ellos.

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