domingo 05.07.2020
INFANTICIDIO SOCIAL

Crecer en el Sahel, el drama de 2,3 millones de niños

Crecer en el Sahel, el drama de 2,3 millones de niños

La creciente violencia e inseguridad en el Sahel central, a la que ahora se suma la COVID-19, amenaza la seguridad física y psicológica de 2,3 millones de niños y niñas en Burkina Faso, Malí y Níger; lo que supone un aumento en más de un 80 % en relación a 2019, advirtió Unicef en un comunicado.

"En un contexto de gran inseguridad, los niños son víctimas de abusos y violencia, de explotación sexual o económica, de trata, de matrimonio infantil, y muchos otros son separados a la fuerza de sus familias o reclutados por grupos armados", recordó la directora de Unicef para África Occidental y Central, Marie-Pierre Poirier.

Según el documento, en Burkina Faso se ha multiplicado por diez, pasando de 35.800 niños en 2019 a 368.000 en 2020, los menores en riesgo de sufrir alguna de esas prácticas; mientras que en Malí superan el millón y en Níger ya son más de 867.000.

Además, la llegada de la COVID-19 a estos países -con 812 contagios en Burkina Faso, 924 en Níger y 947 en Malí, a fecha de 21 de mayo- provocó el cierre de colegios e impidió que unos 12 millones de niños pudiesen acudir a clase, lo que agravó aún más esta crisis de inseguridad.

"Cuando los niños no están escolarizados, son más vulnerables al reclutamiento por parte de los grupos armados, a la violencia sexual y de género, al trabajo infantil y a otras formas de explotación y abuso", recalcó esta agencia de la ONU en el comunicado.

Sin embargo, en el caso del Sahel, más de 8 millones de niños de entre 6 y 14 años ya no asistían de forma regular a clase antes de la pandemia, entre ellos, más de 700.000 debido al cierre de más de 5.400 escuelas por la inseguridad y los ataques yihadistas.

Estos tres países del Sahel central se enfrentan a los ataques yihadistas de grupos armados afiliados tanto a Al Qaeda como al Estado Islámico; además de conflictos intercomunitarios y una aguda inseguridad alimentaria a la que ahora se suma la pandemia.

"Las medidas adoptadas para contener la propagación de la COVID-19 han ralentizado la prestación de asistencia humanitaria (...)", afirmó Poirier en un llamado a la solidaridad internacional, "mientras tanto, la inseguridad no ha cesado y los niños siguen pagando un alto precio".