sábado 10/4/21
La orden está inmersa en un proceso de fortalecimiento de su misión

Terciarias Capuchinas, una congregación en transformación y crecimiento

La historia de las Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia comienza un 11 de mayo de 1885 en el santuario de Nuestra Señora de Montiel, en Valencia. Su fundador, el joven sacerdote Fray Luis Amigó escribió unas normas que reflejaban el espíritu franciscano-capuchino y proponían un compromiso de vida consagrada, que conjugaba la contemplación y la entrega solícita al socorro de las necesidades del prójimo, sobre todo en hospitales, centros de enseñanza, hospicios y misiones.

hermanas terciarias capuchinas

Muy pronto las primeras hermanas terciarias tuvieron la oportunidad de proyectar hacia el prójimo el amor de Dios que experimentaban en la oración. A los pocos meses de la fundación, durante la epidemia de cólera del 1885, las religiosas salieron de Montiel para atender a los enfermos en Benaguacil y luego en Massamagrell, donde las tres más jóvenes y una novicia se contagiaron y fallecieron. Más tarde en este mismo pueblo, viendo el desamparo de los niños que habían quedado huérfanos por la epidemia, los recogieron en una casa y se dedicaron a educarlos. Así, poco a poco se fue perfilando el apostolado de la congregación que, como recomendaba el Padre Luis, debía responder a los “signos de los tiempos”.

La Congregación se expandió rápidamente por España y se abrió hacia otros lugares de misión. El primer destino misionero fue Colombia donde las hermanas llegaron en el año 1905 y de aquí salieron a otros países de América. En el año 1971 se establecieron en África y un poco más tarde en Asia.

La pequeña familia de hermanas que inició su aventura en el santuario de Montiel está presente hoy en 34 países de cuatro continentes y va enriqueciéndose de lo que las jóvenes de distintas culturas que se van uniendo a su consagración al servicio de los demás. Pero siempre, tal y como les dijo su fundador, respondiendo a los acontecimientos actuales.

 Así, en su asamblea general (capítulo) XXI, celebrado en el año 2010, y considerando el momento que vivía la congregación y para fortalecer la identidad carismática, la vida fraterna y la acción evangelizadora, las hermanas iniciaron una nueva senda. Comenzó entonces el denominado proceso de reestructuración congregacional, orientado por el Gobierno general, contando con todas las hermanas.

Seis años más tarde, durante la celebración del XXII Capítulo general, sus presencias en Asia, África y Europa habían concluido el proceso de reestructuración geográfica, mientras que las de América lo harían con posterioridad a la asamblea. Sin embargo, no bastaba un cambio externo de estructuras, sino que había que seguir caminando.

Es así como en 2017 iniciaron dentro del proceso de reestructuración, la etapa que llamaron de “crecimiento y transformación”, en la que todavía se encuentra la congregación, previendo su finalización en el siguiente Capítulo general, previsto para el año 2022. El objetivo de esta etapa es “seguir trabajando para fortalecer y significar más nuestra vida y misión”, para los que se marcaron cuatro objetivos principales: Resignificar la vivencia de su identidad carismática, revitalizar la formación centrada en Jesucristo, personalizada e inculturada, asumir la restructuración en su etapa de crecimiento y transformación y vivir una economía fraterna creadora de vínculos y compromiso solidario.

Terciarias Capuchinas, una congregación en transformación y crecimiento
Comentarios