viernes 25/9/20
EL PONTIFICADO DE LA ESPERANZA

Una catequesis para las nuevas realidades

Una catequesis para las nuevas realidades

La realidad heterogénea de las familias, la creciente indiferencia hacia la religión, el regreso a la Iglesia de personas desilusionadas, la teoría de género, las nuevas cuestiones bioéticas o las migraciones son algunos de los desafíos actuales a los que pretende hacer frente el nuevo Directorio de Catequesis elaborado por la Santa Sede y que acaba de presentar.

El Papa ha aprobado un nuevo Directorio para la Catequesis que insta a los catequistas a atender las «realidades familiares heterogéneas», con sus luces y sombras, para acompañarlas adecuadamente y discernir la complejidad de las situaciones, «sin caer en formas de idealización y pesimismo». El Directorio, presentado este jueves, ha sido elaborado por el Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización. El Pontífice lo aprobó el 23 de marzo.

La última actualización de un documento de este tipo tuvo lugar hace 23 años. El 15 de agosto de 1997 vio la luz el Directorio general para la Catequesis, cinco años después de la publicación del Catecismo de la Iglesia católica

Ahora, se hace hincapié en la importancia de que los catequistas encuentren formas y maneras para introducir en la catequesis las «situaciones irregulares» que surgen de las crisis matrimoniales y familiares, y a las personas que las viven. «De esta manera es posible evitar aislamientos o discriminación y despertar el deseo de aceptar y responder al amor de Dios», dice el texto.

«Con cuidado, respeto y preocupación pastoral, la Iglesia quiere acompañar a los hijos marcados por el amor herido, que se encuentran en una condición más frágil, devolviéndoles su confianza y esperanza», propone.

Junto a estas realidades, el consejo pontificio advierte de que muchos niños y jóvenes están profundamente afectados por la fragilidad de los lazos dentro de las familias, tanto en situaciones de bienestar económico como en contextos fuertemente marcados por la pobreza, la violencia y la inestabilidad. «Estos niños, que por diferentes razones sufren la falta de referencias seguras en la vida, a menudo también carecen de la posibilidad de conocer y amar a Dios», alerta.

Además, se pide al catequista poner atención particular a cuantos, desilusionados o heridos, sientan la necesidad de regresar a la comunidad cristiana. «Es importante que sean acogidos sin ser juzgados y que el catequista pueda desarrollar con ellos una tarea de recuperación y reinserción en la comunidad con claridad y comprensión», señala el Directorio.

Ante los que se distancian de la Iglesia o muestran hacia ella indiferencia o desconfianza, apunta como causas la falta de testimonio y de credibilidad, la ausencia de apoyo espiritual y moral por parte de la familia, una catequesis débil o una comunidad cristiana poco significativa. Por ello, llama a redefinir la catequesis a los jóvenes con una acción pastoral que tenga en cuenta, por ejemplo, que muchos no tienen una condición laboral y económica estable que les permita formar una familia.

En el documento se rechaza la teoría de género como una construcción social desvincula del sexo biológico. Pero al mismo tiempo se insiste en invitar a acompañar a las personas siempre, sin juzgarlas y «sea cual fuere su situación». En todo caso, apunta que la sexualidad no es solo un dato físico, sino una realidad personal cuya vivencia debe responder al llamamiento original de Dios.

La asignatura de Religión, con rigor

Por otro lado, se subraya la necesidad de que la enseñanza de la religión católica «presente la misma exigencia de sistematización y rigor que las demás disciplinas, ya que sobre todo en este ámbito la improvisación es perjudicial y debe evitarse». Además, recalca que la materia de Religión debe ser fuente de diálogo «respetuoso y abierto», especialmente en este tiempo en que las posiciones «se confrontan fácilmente hasta llegar a violentos encuentros ideológicos».

En este sentido, el texto denuncia que están creciendo «formas de indiferencia e insensibilidad religiosa, de relativismo o sincretismo, con el ropaje de una visión secularista que niega toda apertura a la trascendencia». Una situación ante la que se invita a, lejos de sentirse «confundidos y desorientados», seguir anunciando el Evangelio.

En todo caso, pide que los padres superen la mentalidad tan común de delegar en otros y que sean los «primeros catequistas» de sus hijos. También lamenta que la elección de los padrinos no motivada por la fe, sino por costumbres familiares o sociales, haya contribuido en gran parte a «la degradación de estas figuras educativas». Así, propone «cursos de catequesis para los padrinos» y reivindica la contribución de los abuelos en la catequesis.

También insiste en que se adapte la catequesis al lenguaje de las redes sociales y el mundo virtual en el que se mueven los jóvenes para traducir el mensaje de Jesús, pero sin confundir el llamamiento de Jesús con el lenguaje de los dinámicas típicas de las redes, como la de los influencers.

"Inspirar y nutrir el camino de la fe para la vida"

En otro punto de sus casi 300 páginas, el Directorio de Catequesis se refiere al Catecismo como un instrumento «dinámico» adecuado para inspirar y nutrir el camino de la fe para la vida de cada persona, y no como «una expresión estática de la doctrina». Reconociendo que hay aspectos del mensaje del Evangelio que son generalmente difíciles de aceptar, sobre todo el pecado, se precisa que en todo caso la catequesis no es «la presentación de una moral, sino un anuncio de la belleza de Dios».

El texto actualiza las modalidades de la evangelización para que no se queden en un «barniz superficial» sino que conformen una Iglesia que sea un verdadera comunidad viva de fe, libre de formalismos vacíos, con capacidad de acogida y cercanía y «activamente atenta a las personas que viven en sufrimiento, pobreza y soledad».

«La catequesis, a la vez que debe evitar todo tipo de manipulación de una cultura, no puede limitarse a la simple yuxtaposición del Evangelio a ésta, como un barniz superficial, sino que debe proponer el Evangelio de manera vital, en profundidad y hasta las mismas raíces de la cultura y de las culturas del hombre», señala.

El nuevo texto, de 291 páginas y doce capítulos, nace en un contexto «marcado por una gran distancia entre fe y cultura». Este fenómeno hace necesario repensar la evangelización con nuevas categorías y nuevos lenguajes que subrayen su dimensión misionera y que no lleven en primer lugar la doctrina, sino el hacer «presente» a Jesucristo.

En este contexto se hace necesario también abordar cuestiones y debates relevantes de la sociedad contemporánea. Los desafíos de la bioética, con cuestiones como la manipulación genética, la eugenesia o el transhumanismo, serían uno de ellos.

También deberán considerarse los procesos migratorios. De ellos, recuerda el Directorio, no solo derivan diversos problemas humanitarios sino que además se produce muchas veces un abandono de la práctica religiosa y crisis en las convicciones de fe de los migrantes. Se pide por ello cuidar la solidaridad y «rechazar los prejuicios negativos».

Esta necesidad se extiende al trato con todos los marginados –refugiados, nómadas, sintecho, enfermos crónicos, drogadictos, prisioneros, esclavas de la prostitución–. Por ello, destaca que la credibilidad del mensaje de la Iglesia «depende en gran medida del testimonio de sus obras». Finalmente, se previene sobre cómo la piedad popular puede dar lugar a la proliferación de sectas.