martes 2/3/21
La Pontificia Academia de la Vida pide un nuevo modelo de cuidados para los ancianos

Preservar el don de una larga vida

“La vejez: nuestro futuro” es el título del estudio con el que la Academia enumera las lecciones que nos ha dejado la pandemia sanitaria respecto al modelo de asistencia a nuestros mayores e incide en la necesidad de adoptar uno nuevo en el que se ponga a la persona en el centro

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Edadismo.  La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo define como "los estereotipos, los prejuicios y la discriminación contra las personas debido a su edad".  Los mismos que ha dejado al descubierto la pandemia mundial que estamos sufriendo. Así lo recoge en su último documento la Pontificia Academia de la Vida, entidad  cuya finalidad es estudiar, informar y formar sobre los principales problemas de biomedicina y derecho, relativos a la promoción y a la defensa de la vida, sobre todo en la relación directa que estos tienen con la moral cristiana y las directivas del Magisterio de la Iglesia. 
El citado documento recuerda que, durante la primera oleada de la pandemia, el número de las muertes por COVID-19 que se produjeron en instituciones de ancianos ha sido muy superior a las que han tenido lugar en el ambiente familiar. Es por ello que apela “a una nueva visión, un nuevo paradigma que permita a la sociedad cuidar de los ancianos” para garantizar que se les preste la mejor atención posible a quienes más lo necesitan. 
No en vano, según los datos de la OMS, en 2050 habrá en el mundo 2.000 millones de personas mayores de sesenta años, lo que supondrá que una de cada cinco será anciana. Así pues “es esencial hacer que nuestras ciudades sean lugares inclusivos y acogedores”. 

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Un don de Dios
En este sentido, el documento de la Pontificia Academia para la Vida, elaborado de común acuerdo con el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, señala que: “llegar a ser anciano es un don de Dios y un enorme recurso, un logro que salvaguardar con cuidado” y recuerda que es “innegable que la pandemia ha reforzado en todos nosotros la conciencia de que la riqueza de los años es un tesoro que debe ser protegido y valorado”. 
Es por ello que el documento evoca a un “encuentro” de toda la sociedad y recuerda que varias veces ya el Papa Francisco ha instado a los jóvenes a ayudar a sus abuelos. En la misma línea, invita también a diócesis, parroquias y todas las comunidades eclesiales a reflexión sobre este asunto, ya que es tarea de la Iglesia “el cuidar de la espiritualidad de los ancianos, de su cercanía con Dios y su necesidad de compartir esa Fe”. De hecho, en las “sociedades secularizadas de muchos países, las generaciones actuales no tienen formación cristiana y son los abuelos quienes transmiten esa formación, convirtiéndose en un eslabón indispensable para educar a los niños y jóvenes en la fe”, tal y como apuntan desde la Academia. 
Así pues, el documento concluye con la propuesta del impulso de un sistema de bienestar más adecuado a la vejez, más eficaz y más humano, en la que se respete la dignidad de cada individuo, sin distinción de ningún tipo, mediante la adopción de nuevas medidas que permitan acompañar y cuidar a las personas ancianas en contextos familiares y, en caso de no ser posible, en espacios que se asemejen más a hogares. 


 

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