lunes 01.06.2020
"UNA CRISIS HIJA DEL ABANDONO EXISTENCIAL"

Llamamiento del Vaticano para no dejar a los mayores solos ante el coronavirus

Dos personas de avanzada edad, la población más vulnerable ante la pandemia del coronavirus, se acercan al hospital vizcaíno de Cruces (EFE/LUIS TEJIDO)
Dos personas de avanzada edad, la población más vulnerable ante la pandemia del coronavirus, se acercan al hospital vizcaíno de Cruces (EFE/LUIS TEJIDO)

“Es necesario aclarar que salvar las vidas de las personas mayores que viven en las instituciones, o que están solas o enfermas, es una prioridad del mismo modo que salvar a cualquier otra persona”. En los países en los cuales la pandemia no ha tomado grandes dimensiones, “aún es posible tomar medidas preventivas para protegerlos”. En donde la situación es más dramática “es necesario actuar para encontrar soluciones emergentes”. Comunicado dell Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida.

La ciencia nos dice que el motivo por el cual tantas personas mayores mueren es porque ellas son más frágiles, y que el virus tiene un porcentaje de mortandad más elevado en las personas que tienen una o más patologías previas. En muchos casos, la patología existente es la soledad. Remediar la situación de abandono, por lo tanto, en estas actuales circunstancias podría significar salvar vidas humanas. Lo recuerda en un comunicado  el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, que hoy se centra en modo particular en las personas mayores cuya generación, en estos días de pandemia “está pagando el precio más alto”.

No es casualidad que estemos presenciando la muerte, en proporciones y formas terribles, de tantas personas que viven fuera de sus casas y apartados de su núcleo familiar, en condiciones de soledad en verdad desgastantes y deprimentes. Por esto es importante que hagamos todo lo que sea posible para remediar esta situación de abandono que, en las circunstancias actuales, podría significar salvar vidas humanas.

La Iglesia en estos días está poniendo en práctica nuevas y creativas maneras de presencia ante la imposibilidad de seguir haciendo visitas domiciliarias.

Frecuentemente las parroquias están dedicadas en la entrega de alimento y medicinas a quien está obligado a no salir de casa. Casi en todos lados, los sacerdotes siguen visitando las casas para administrar los sacramentos. Muchos voluntarios, sobre todo jóvenes, se están esforzando con generosidad para no interrumpir, o para comenzar a organizar, elementales redes de solidaridad.

Sin embargo, - afirma el comunicado – la gravedad del momento y en la conciencia del valor inestimable de cada vida humana, nos llama a todos a hacer algo más hacia nuestros papás y abuelos:

Debemos dedicar nuevas energías para defenderlos de esta tempestad, así como cada uno de nosotros ha sido protegido y ayudado en las pequeñas y grandes tormentas de la propia vida. No dejemos solas a las personas mayores, porque en la soledad el coronavirus cobra más vidas.

Son miles los ancianos que viven en el interior de estructuras residenciales que han perdido la vida en estos días, puesto que “la concentración en el mismo lugar de tantas personas frágiles y la dificultad de obtener los instrumentos de protección, han creado situaciones dificilísimas de gestionar no obstante la abnegación y, en algunos casos, el sacrificio del personal dedicado a su asistencia”. El dicasterio recuerda que sin embargo, “la crisis actual es hija de un abandono existencial y terapéutico que ha comenzado en el pasado”:

Aún en la compleja situación que vivimos, es necesario aclarar que salvar las vidas de las personas mayores que viven en las instituciones, o que están solas o enfermas, es una prioridad del mismo modo que salvar a cualquier otra persona.

Tal es así que “en los países en los cuales la pandemia no ha tomado grandes dimensiones, es aún posible tomar medidas preventivas para protegerlos”, mientras que en donde la situación es más dramática “es necesario actuar para encontrar soluciones emergentes”.

Unámonos entonces en oración por los abuelos y las personas mayores de todo el mundo. Estrechémonos a su alrededor, con el pensamiento y con el corazón, y cuando sea posible, actuemos, para que no estén solos.

El Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida fue instituido por el Santo Padre Francisco, el 15 de agosto de 2016, mediante el Motu Proprio Sedula mater, asumiendo las competencias y funciones que pertenecían al Consejo Pontificio para los Laicos y al Consejo Pontificio para la Familia. Se rige por un Estatuto aprobado ad experimentum el 10 de abril de 2018 que entró en vigor el 13 de mayo de 2018. Está presidido por el Prefecto, asistido por un Secretario y dos Subsecretarios laicos; tiene sus propios miembros y consultores, incluyendo fieles laicos – hombres y mujeres, solteros y casados ​​– que trabajan en diversos campos de actividades y proceden de diferentes partes del mundo; posee un conmensurado número de funcionarios, clérigos y laicos, elegidos, en la medida de lo posible, de diferentes regiones del mundo.