lunes 24/1/22
'Adoremus' en la Almudena

Osoro a los jóvenes: "Mirad a los demás como mira Jesús"

El cardenal de Madrid alienta a la juventud a apostar por ella misma como discípulos de Jesús porque, recuerda, "Él  apuesta por los mejor que hay en cada ser humano"
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El cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, en una misa en la catedral de la Almudena (Archimadrid/José Luis Bonaño)

La solemnidad de Todos los Santos recuerda que los santos y santas de todos los tiempos experimentaron –en palabras del Papa Francisco­– «el trabajo cotidiano de la existencia», con sus éxitos y sus fracasos, «encontrando en el Señor la fuerza para resucitar siempre y continuar en el camino». A la luz de esa festividad, con el corazón puesto en los jóvenes que peregrinan en la Iglesia de Madrid, el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, presidió el pasado viernes, 1 de noviembre, la tradicional vigilia Adoremus en la catedral de la Almudena.

Con un templo revestido del coraje y la esperanza que brotan del corazón joven y creyente, el purpurado recordó a los jóvenes que el Señor «se acerca a vuestras vidas para deciros que, como Él, tenéis que ser misioneros». Una labor que Jesús quiere hacer realidad en Madrid, «atravesando la ciudad, y a través de vosotros». Y hacedlo «por medio del Bautismo», que «no es un acto más», sino que «es el regalo más grande que un ser humano puede recibir: es la vida misma de Jesucristo que entra en nuestra propia existencia».

Con el fuego de la Palabra en sus manos, el arzobispo madrileño los invitó, de la mano de Jesús, a ser «parte de la Iglesia» y a ser «su Cuerpo», siendo «bautizados y evangelizadores, bautizados y misioneros», porque «os ha dado su vida, no para guardarla egoístamente para vosotros, sino para dársela a los demás».

Zaqueo, destacó, «un hombre mal visto, despreciado por los demás y, quizá, por sí mismo», se sintió «atraído por el Señor». Y, como él, que quiso ver a Jesús, «hay buscadores entre vosotros que quieren encontrarse con la persona del Señor». Quizá, subrayó, poniendo en las vidas de los presentes la vida misma del recaudador de impuestos, «pueden estar, incluso, muy preparados intelectualmente», pero, sin embargo, «les falta algo necesario en la vida, que es la vida misma, que es Cristo».

«Hay muchos que viven un vacío existencial», que «no se llena solamente distrayéndose y disfrutando de la vida». En la intemperie de estas palabras, el purpurado sostuvo que «Jesús puede llenar ese vacío», como hizo con Zaqueo, «y eso es lo que buscan muchos jóvenes que hay junto a vosotros en vuestros trabajos, en la universidad o en el barrio en el que vivís».

Además, los alentó a apostar por ellos mismos «como discípulos de Jesús», porque Él «apuesta por lo mejor que hay en cada ser humano, aunque nosotros siempre tenemos la tendencia de ver lo peor, incluso, en nosotros». Jesús, sin embargo, «ve lo bueno en nosotros esta noche en el misterio de la Eucaristía», donde «está realmente presente Nuestro Señor al mirarle nosotros: es Él el que nos ve y ve lo mejor de nosotros, a pesar de las fragilidades que tengamos».

Hoy, insistió, «os dice que le dejéis entrar en vuestra casa», es el corazón de Dios «que se inclina hacia vosotros, quiere ser vuestro huésped, y quiere que entre él y tú haya una relación personal». Por eso, «sed misioneros y buscadores, y mirad a los demás como mira Jesús y dejaos mirad por Él». Jesús «quiere ser vuestro amigo», concluyó.