martes 2/3/21
La vida consagrada está en el corazón mismo de la Iglesia

DE RE NOSTRA AGITUR

vida consagrada

“Algo que nos afecta” habían dicho los obispos en el Sínodo en tiempos del Papa Juan Pablo II, no es una realidad aislada y marginal, abarca a toda la Iglesia, y es un elemento decisivo para su misión, que nos recuerda la naturaleza íntima del ser cristiano, un don precioso y necesario para el presente y el futuro de la comunidad cristiana.

Recordar a los fallecidos

Sin hacerse públicas las cifras oficiales, en torno a 500 religiosos y religiosas españolas han muerto hasta el momento por la pandemia que nos asola. Al menos 80 congregaciones religiosas han visto cómo los mayores o los más expuestos han padecido la enfermedad y muchos la muerte. Una verdadera tragedia que se suma a la de la sociedad de la que forman parte. Ya sea orando y trabajando, en la enseñanza, cuidando a los enfermos y discapacitados, los religiosos españoles, hombres y mujeres de esa Iglesia íntima de vida espiritual y multiplicadora por su testimonio, han sufrido como los demás españoles las consecuencias de esta hecatombe global. Cuando nos sentíamos más seguros, cuando el mundo apuntaba a un crecimiento desmesurado y sin límites, a un movimiento desenfrenado de personas en todas direcciones, a un desarrollo imparable de la ciencia, a modo de señal apocalíptica la plaga del virus se ha abatido sobre la sociedad. La Iglesia pierde, con cada uno de ellos, un tesoro espiritual, nuestro pequeño recuerdo en su memoria y nuestra gratitud por tan inmenso servicio a la comunidad cristiana. Algo que nos afecta.

Recordemos a los que siguen luchando

Y en primera fila, multitud de hombres y mujeres de la Iglesia, junto a médicos y enfermeras, y todos los que contribuyen al funcionamiento y bienestar de la vida cotidiana, siguen ahí, afrontando el mal y sus consecuencias, muchos enfermando y curándose para volver de nuevo a las trincheras. A todos ellos recordamos hoy en el Día de la Vida Consagrada. Son el corazón mismo de la Iglesia, en la intimidad de la oración y frente al que los necesita, “la vida consagrada es peregrinación del espíritu, en busca de un Rostro, que a veces se manifiesta y a veces se vela”, como nos recuerda el Salmo 26,8  “Faciem tuam, Domine, requiram.”          

 

Comentarios