martes 07.04.2020
ENTREVISTA

Andrés Torres Queiruga: "Las críticas contra este Papa son antievangélicas y paralelas a las que le hicieron a Jesús"

"Francisco es un hombre de gobierno, integral, fiel a su misión, firme en las decisiones, lúcido en la situación tanto mundial como teológica, un caso único en la historia del papado moderno", afirma el teólogo
El teólogo y filósofo gallego, Andrés Torres Queiruga, en su casa de Santiago
El teólogo y filósofo gallego, Andrés Torres Queiruga, en su casa de Santiago

Andrés Torres Queiruga, uno de los teólogos y filósofos españoles más prestigiosos, es gallego de Aguiño (1940), un pequeño pueblo marinero de la ría de Arousa. En Galicia es una personalidad reconocida por su compromiso con el idioma y la cultura propios, y su nombre se relaciona con la teología de la liberación. Académico, profesor universitario, cofundador de la revista Encrucillada, autor de una prolífica obra escrita casi en su totalidad en gallego y traducida a varias lenguas… gallego egregio y, sobre todo, hombre bueno. Ocupó sin quererlo la atención de los medios en 2012, después de que su teología, su “repensar la fe” para actualizar y hacer comprensible el mensaje humanizador de Cristo, fuera cuestionada por la Conferencia Episcopal. Superado el disgusto, mantiene su pensamiento, libre y creativo, en continuo diálogo con el mundo desde su residencia de Santiago.  Nos cita en su casa, tres pisos abarrotados de libros, algún recuerdo y un precioso cruceiro en su modesto jardín. “Me lo hizo un cantero cuando murió mi madre”, recuerda con emoción. Su recibimiento es cálido y acogedor, no podría ser de otra manera.

 

Boas tardes, profesor. Gracias por dedicarme un rato de su tiempo, sé que está muy ocupado con su nuevo libro.

Sí, ahora estoy escribiendo sobre la Trinidad. Quiero devolverle la Trinidad a Jesús y explicar que podemos vivirla como él la vivía, sin excesivas complicaciones, aunque sin perder su fuerza religiosa. Jesús vivía como Hijo del Padre, y por tanto del Espíritu de su padre, en remota pero real analogía a como toda persona vive en relación filial con su padre y su madre. Jesús nos enseñó a orar y nos enseñó que el nombre cristiano de Dios es Abbá, que en arameo significa padre y “papá” (con idéntico uso y sonido). Nos dijo que también nosotros somos hijos del Padre. Vivir la Trinidad es vivir como vivió Jesús, desde Dios, que siendo padre-madre, en originación absoluta, nos constituye en hijos e hijas, alimentados con su Espíritu.

¿Qué opina del síndrome de las iglesias vacías del que tanto se habla?

Esto es un dato sociológico y es imparable. Hay que volver al Evangelio, reconocer que la Iglesia tiene que ser una opción personal. Antes existía la pertenencia sociológica, que tuvo su función. Pero llega un momento en el que la cultura secular va cubriendo aspectos que no le corresponden a la Iglesia, y así debe ser. La iglesia tiene así la ocasión de volver a su esencia, que es anunciar al Dios de Jesús, dándole esperanza al mundo, interés por los humildes, los marginados, los pobres. Cuando se centre en eso habrá gente que la reconozca e incluso regrese, aunque no se volverá a lo de antes. Como dice el papa Francisco, hay que lograr una revitalización desde dentro, que será lenta y llevará un tiempo.

Esa “revitalización de la Iglesia desde dentro” no está siendo muy bien recibida en algunos sectores.

Eso pasó desde el principio de los tiempos. Las críticas contra este papa son claramente antievangélicas. Son paralelas a las que le hicieron a Jesús. Francisco comprendió que entramos en una nueva época y hay que buscar, no diría una reconstitución de la Iglesia, pero sí una remodelación muy a fondo sobre las bases evangélicas. La Iglesia necesita entrar en el dique para renovarse. El papa sabe que agarrarse a la letra de una tradición, que en muchos aspectos está cultural e incluso hasta teológicamente caducada, va en contra del Evangelio.

¿Quién es para usted el papa Francisco?

Este papa será recordado como uno de los grandes en la historia de la Iglesia. Es un caso único en el papado moderno. Más completo incluso a Juan XXIII. Francisco es un hombre de gobierno, íntegramente fiel a su misión, firme en las decisiones, que sabe medir los tiempos, lúcido en la situación tanto mundial como teológica. Es un papa valiente, de convicciones firmes y las lleva a cabo. Personalmente, esto me da confianza. Hegel decía que nuestra vida es una mezcla de libertad y destino. Cuando coincide que la libertad y las cualidades encuentran su lugar en la historia, se produce un gran hombre. Creo que este papa encontró su destino, está dando de sí lo que en otro lugar no podría. Pudo quedarse en un notable obispo y cardenal retirado, y se ha convertido en un gran papa de la historia.

¿Era un líder necesario y esperado?

Los pontificados de los últimos treinta años, tan retráctiles y regresivos, paralizaron la Iglesia y crearon una agobiante sensación de crisis. Era una situación casi de muerte. Personalmente no perdí la esperanza de que en el cónclave el instinto de supervivencia iba a ayudar a la renovación. Cuando, por distintas circunstancias, apareció esta figura, los cardenales electores se dieron cuenta de que ese era el que se esperaba. Fue casi instintivo.

Y es el papa que retoma el cambio perfilado en el Concilio Vaticano II.

Sí. El papa ha dicho que no quiere un Concilio Vaticano III, porque el segundo está aún sin explotar. El Concilio Vaticano II fue una revolución que llenó de esperanza, que conmovió los cimientos de la Iglesia y la renovó de una manera irreversible. Pero el movimiento venía de una situación tan estancada y tan autoritaria, que en los estratos altos produjo miedo y una reacción para intentar frenarla. Y la frenaron con todo el instrumento oficial. Todo esto creó un estrato de resistencia que estuvo latente, pero con claro apoyo oficial, frente a todo el ímpetu renovador. Pero la verdad, cuando aparece, la puedes frenar pero no matar. Todas aquellas fuerzas que ahora quedan deslegitimadas y sin protagonismo, son las que se están defendiendo con uñas y dientes, y conservan los rasgos autoritarios de antes; por fortuna, no tienen el poder. Es curioso y esperanzador: ahora quien tiene el poder no es autoritario y muestra un decidido espíritu democrático (sinodal, se dice en la jerga teológica); pero al mismo tiempo mantiene firme la dirección, sabe gobernar

¿Es cierto que nuestra sociedad viva de espaldas a Dios?

No cabe negar que existen amplios es estratos dominados por una cultura cientifista y un ambiente hoy poco sensible a la Trascendencia. Pero, como decía el mismo Ortega en el conocido ensayo “Dios a la vista”, esa no es toda la historia, sino un ciclo en ella. Yo creo que Dios nos funda y nos habita, trabajando la realidad hacia el bien. Cuando la humanidad tropieza con sus límites, esta presencia de Dios se hace más sensible. Incluso de modo indirecto. Desde la fe uno puede leer su presencia en la preocupación por el tercer mundo, por la ecología, por la justicia y por los pobres. Con esto no pretendo “bautizar” a nadie, como tampoco lo pretendió Rahner con su teoría del “cristianismo anónimo”, sino expresar mi respeto religioso por esas nobles actitudes humanas.La historia fue siempre así. Hay épocas de cercanía y épocas de alejamiento cultural de Dios, pero él está siempre presente como lo está el sol, tanto en el afelio como en el perihelio.

Se insiste hasta la saciedad en la pérdida de valores y sin embargo las personas son cada vez más solidarias.

Los seres humanos no estamos creados de barro sino amasados con el amor de Dios, al igual que el niño viene del amor y de las entrañas de su madre. La vida debe apoyarse en los valores y en la esperanza. Cuando sales de los valores entras en lo inhumano y también de la auténtica fe cristiana. Porque, en la medida en que una persona responda a los valores profundos, que provienen de Dios, porque Dios nos creó así, está siendo tan cristiana como yo, y no puedo presumir de ser mejor cristiano que ella. Podemos ser ateos de Dios, pero Dios no es ateo de nosotros. Nos quiere demasiado.

¿Por qué se pierde la fe?

La fe se pierde muchas veces por un terrible equívoco: se piensa que el mal viene de Dios o que Dios lo permite pudiendo evitarlo. Mientras tú pienses que hay un Dios que puede curar la enfermedad, evitar todas las guerras y no lo hace, no puedes mirarle a la cara. Dios no envía el mal ni es el responsable igual que una madre nunca le hará daño a su hijo. Pero una consideración actual, que tiene en cuenta la autonomía del mundo y de la misma libertad humana, pronto descubre que el mal no viene de Dios, sino de los fallos en las leyes físicas o en la malicia o complicidad de la libertad humana. El mal va directamente contra la intención de Dios, que solo busca el bien de la creatura. Basta con leer sin literalismo la Biblia, para ver como desde los profetas a Jesús de Nazaret, Dios es siempre anunciado como el Anti-mal, el que lucha contra el mal y nos convoca a colaborar con Él en esa lucha contra el sufrimiento, la marginación y la explotación. Si Dios arreglase todo lo que funciona mal en el mundo o lo que los humanos malhacemos o pervertimos con la libertad, Dios sería un infinito y absurdo Superman, y mundo desaparecería.  Dios creó el mundo por amor, pero no lo anula o lo substituye, sino que lo apoya para que sea y se realice por sí mismo. Un ejemplo lejano: un padre o una madre traen hijos al mundo y, si son normales, los apoyan con todo su amor; pero no pueden sustituirlos, sino que los apoyan para que vivan su propia vida. Como sabes, es un tema que me preocupa mucho y sobre el que escrito creo muchos cientos de páginas.

La historia del hombre está llena de horror y desesperación…

Max Horkheimer, un filósofo marxista, no creyente pero sensible a la Trascendencia, decía que el ser humano no puede vivir sin algo o alguien que asegura la esperanza contra el absurdo en la la historia, con todas sus víctimas y el fracaso irremediable de la muerte. Y que esto sólo tenía una respuesta teológica, porque la nostalgia de que el verdugo no triunfe sobre su víctima, esto es, la esperanza, solo es posible con la teología. En la historia, por desgracia, el verdugo triunfa demasiadas veces. Esa seguridad solo la da Dios y la nostalgia aporta la seguridad de salvar a las víctimas.

¿Todas las religiones son verdaderas?

Sí, en la medida en que consiguen expresar la presencia de Dios en la vida y animan a vivir en consecuencia. En el fondo, en todos los seres humanos hay un presentimiento, una saudade de Alguien que dé sentido último al mundo y esperanza a nuestra existencia. Hay en este sentido una frase fascinante de Fernando Pessoa que lo resume: “Deus é nós existirmos e iso não ser tudo”.

 

 

 

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