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Aliados por el bien común

Carina Regueiro | 14 de abril de 2020

LLas monjas de clausura de las Clarisas de Monforte, que habitualmente realizan repostería, han cambiado la cocina por la máquina de coser, haciendo mascarillas para luchar contra el Covid-19 y enviarlas al hospital comarcal de Monforte de Lemos, en Lugo (EFE/ Eliseo Trigo)
LLas monjas de clausura de las Clarisas de Monforte, que habitualmente realizan repostería, han cambiado la cocina por la máquina de coser, haciendo mascarillas para luchar contra el Covid-19 y enviarlas al hospital comarcal de Monforte de Lemos, en Lugo (EFE/ Eliseo Trigo)

Años compartiendo el mismo portal y el mismo barrio sin saber siquiera nuestros nombres. Ahora nos sonreímos desde las ventanas y aplaudimos al unísono a los héroes locales que nos salvan de la catástrofe. La vida se ha parado. Por el bien común, nos recluimos para no contagiarnos de la Covid-19, para no colapsar el sistema sanitario, para salvar todas las vidas que sea posible. Esta es una cuestión de vida o muerte. Y como individuos responsables ejercitamos nuestra libertad de encerrarnos por el bien de la comunidad, que es nuestro propio bien.

Comunidad es la palabra de esta crisis sanitaria y social. Más que nunca en la historia contemporánea, sentimos la fragilidad del ser, la necesidad del otro para sobrevivir, la humanidad como una inmensa comunidad y la responsabilidad como individuos de contribuir al bien común. 

A nadie se le escapa que esta crisis devendrá en una crisis humanitaria si no se toman las medidas necesarias para evitarlo. Los poderes públicos anuncian una recesión económica, una época de penurias que se cebará –ya lo está haciendo- con los más pobres. El Papa Francisco pidió este Domingo de Resurrección un salario universal para los trabajadores que no pueden salir a la calle a ganarse el sustento. Cáritas también lo ha propuesto, una renta mínima para ayudar a las familias más desfavorecidas. El hambre es ya una realidad para muchos, como lo es para casi todos el miedo al futuro. Hambre y miedo no son palabras que aparezcan en los discursos políticos, pero sí la idea de bien común, un concepto filosófico y cristiano olvidado durante décadas por los que ostentan el poder. Ahora vuelve con fuerza pero desnaturalizado. 

¿Y qué es el bien común? Para la Doctrina Social de la Iglesia, el bien común consiste en la creación de las mejores condiciones sociales posibles en cada momento para que cada persona y todas las personas puedan vivir de acuerdo a su dignidad y realizarse como personas. Y para ello hace falta aceptar y poner en práctica cuatro ideas básicas: 

- El respeto a la dignidad de la persona y la búsqueda de su reconocimiento práctico.

- El desarrollo social justo, de forma que se facilite a cada uno lo que necesita para una vida verdaderamente humana.

- La paz como la estabilidad y la seguridad de un orden social justo.

- La prioridad de las necesidades de los empobrecidos.

En la doctrina del bien común, que asienta sus bases en la filosofía de Aristóteles y Santo Tomás, todos estamos obligados a trabajar para nuestro sustento y en favor del bien común, y para participar en los beneficios, tenemos que dar, al igual que recibir. 

La mejora de las condiciones sociales que persigue el bien común no sustituye la realización y responsabilidad personal, sino que la realza. Por esto, es necesario estar atentos a los que quieren convertir la idea de Bien Común en un arma que anule o destruya la realización del bien particular, queriendo hacer creer que bien particular y bien común son antónimos. No lo son. 

El bien común sí es, sin embargo, la antítesis del colectivismo totalitario y del marxismo, que acaban sacrificando al individuo en aras de la colectividad.

Lo cierto es que sólo nos abrimos al bien común desde nuestra libertad y sentido de responsabilidad personal. La Iglesia, el Tercer Sector, los empresarios, los autónomos, los investigadores, los sanitarios, los trabajadores, las familias, la sociedad entera ya se ha subido al carro del Bien Común. Es la hora de los poderes públicos. 

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